Por Zillah Eisenstein, Ithaca, New York
Este párrafo es parte del próximo libro de Zillah Eisenstein, "En Contra Del Imperio, Feminismos, Racismos y el Occidente", el cual estará disponible en agosto del 2004 a través de la prensa Zed en Londres, Palgrave en Estados Unidos y Kali en India.
El New York Times informa que más prisioneros anteriormente encarcelados en Abu Ghraib han sido liberados. La fotografía muestra a un joven de 17 años abrazado por su madre y hermanas. Su cuerpo se desploma completamente en sus brazos protectores. Tiene dos años menos que mi hija. Estoy muy preocupada de que nunca se recupere de este horror.
Se dice que los hombres musulmanes en Abu Ghraib han sido humillados sexualmente. Y que mujeres blancas de clase trabajadora son usadas para mandonear a los hombres musulmanes. Me pregunto por el significado de esta díada. Me impacta el uso de la frase "humillado" en vez de "torturado" o "violado". Las mujeres que conocí en la guerra de Bosnia donde las forzaron a entrar a los campos de violación no se consideraron como humilladas, sino como violadas. La elección de palabras revela mucho. Los hombres que son violados y degradados sexualmente son "humillados" porque son tratados como mujeres; son forzados a ser mujeres - dominados y degradados sexualmente. Los hombres desnudos y expuestos nos recuerdan a la vulnerabilidad normalmente asociada con la mujer. De este modo, los hombres de piel oscura en Abu Ghraib son vistos como afeminados y narran un contexto subliminal de homosexualidad.
Cuando por primera vez vi las fotos de la tortura en Abu Ghraib me sentí destrozada. Se me rompió el corazón. Pensé que "nosotros" somos los fanáticos; no ellos. Al día siguiente mientras seguía pensando en Abu Ghraib me pregunté ¿cómo es que hay tantas mujeres involucradas en las atrocidades? Tres de los torturadores - Megan Ambuhl, Lynndie England y Sabrina Harman - tan importantes en la narración pictórica - son mujeres blancas. La general de la brigada encargada de los prisioneros en Irak, Janis Karpinski también es una mujer blanca. Como también lo es la mayor general Barbara Fast, el más alto oficial de inteligencia de los EEUU en revisar el estatus de los detenidos.
Condoleeza Rice, la consejera de seguridad nacional del presidente, complica el escenario al ser una mujer negra. En contraste, las fotos de tortura eran de hombres musulmanes de piel oscura. Aunque reportados pero "no corroborados", el abuso y la violación de prisioneras musulmanes por parte de soldados estadounidenses han sido silenciados en su mayor parte en las imágenes de tortura en Abu Ghraib. Tenga presente estos puntos mientras desarrollo el argumento. Espero usar tanto los silencios racializados como las confusiones de género en la narración de Abu Ghraib para ver mejor este momento militarizado que es a la vez único y común. Abu Ghraib es una exposición horrorosa de lo que es la guerra y de lo que siempre produce así como de la manera en que la "guerra contra el/del terror" es percibida en esta coyuntura de globalización militarizada y unilateral. Tengo más preguntas que respuestas ahora mismo. ¿Por qué hay mujeres en estos cargos de poder específicos mientras el masculinismo está en la cúspide de su poder en este momento militarizado y militar. Estoy pensando que es porque estos pueden ser puestos de poder anacrónicos toda vez que el ejército se hace más y más privatizado y corporatizado. El secretario de defensa Rumsfeld ha reducido el tamaño y reestructurado el ejército y tal vez se haya permitido entrar a las mujeres justo cuando se están deshaciendo de estos puestos de poder institucionalizado. Puede ser la razón de que sea tan fácil localizar la culpa en estos mismos puestos. Estas mujeres deben rendir cuentas y hacerse responsables, pero también sirven como señuelos de género. Como señuelos, crean confusión al participar en la misma humillación sexual a la que su género está normalmente sometido.
Este intercambio y transposición de género no toca el género masculinizado y racializado. Solo ha cambiado el sexo, el uniforme es el mismo. Un/a comandante masculinizado/a o un/a colaborador/a imperial puede ser macho o hembra mientras que mujeres blancas parezcan como constructores masculinistas de un imperio y hombres de piel oscura parezcan mujeres y maricas. Siempre que el poder y la dominación son expuestos en su versión grotesca como en Abu Ghraib, se revelan los arraigados significados sexuales y racializados. El racismo y el sexismo siempre desempañan un rol juntos porque se construyen el uno al otro. Cuando se revela uno, el otro está esperando. Destacados ejemplos de la relación híbrida de la raza, el sexo y el género en los EEUU son el juicio de O.J. Simpson, las audiencias de nombramiento de Clarence Thomas, las golpizas de Rodney King y Abner Louima y sus repercusiones. Uno nunca sabe si la cuestión de fondo era el sexo racializado o el racismo sexualizado, o si realmente se los puede separar.
En el caso de Abu Ghraib se usan códigos raciales para diseminar significados de género y su confusión para así construir un imperio. Un hombre a quien se trata como mujer se convierte en menos que un ser humano - menos que un hombre blanco - como la esclava negra y no como las mujeres blancas.** Luego, los hombres musulmanes junto con los hombres judíos y semitas de todas las religiones no son considerados viriles como los hombres blancos. Se parece un poco al esclavo negro a quien forzaron a mirar la violación de su amante o de su niño/a por parte del amo; con la excepción de que el hombre negro se considera "diferente" al hombre blanco en su hipersexualidad en vez de su homosexualidad. Por lo tanto, el hombre negro es linchado y es mutilado/castrado. La depravación masculinista, como un discurso político, puede ser adoptada por machos y/o hembras. Es tanto más despreciable que el gobierno de Bush usara el lenguaje de los derechos de las mujeres para justificar las bombas en la guerra de Afganistán contra las prácticas del Talibán hacia las mujeres; y otra vez, contra las horrorosas salas de tortura y violación de Saddam Hussein. Y no debería ser ninguna sorpresa que las mujeres de Bush - Laura, Mary Matalin, y Karen Hughes - quienes regularmente hablan mal del feminismo de cualquier tipo, sean responsables de articular esta justificación imperial de los derechos de las mujeres en vistas a la guerra.
El feminismo imperial(ista) camufla el uso de los señuelos de género: las mujeres son tanto las víctimas como las autoras; forzadas y a la vez libres; ni comandantes ni señuelos exactamente. ¿Qué pasaría si la violación y "la humillación sexual" se entendieran no como aberraciones de la guerra sino simplemente como "una forma de guerra con otros métodos"? Entonces habría un contexto diferente para ver el desorden y el caos en Irak que dejan a muchas mujeres encerradas en sus casas por temor a ser violadas o capturadas si se atreven a salir a la calle. También entrega un enfoque diferente sobre los recientes cargos hechos por docenas de mujeres soldados estadounidenses contra sus compañeros por abusos deshonestos y violaciones en el área del golfo pérsico. Al menos 112 denuncias por mal conducta sexual han sido entregadas por mujeres soldados estadounidenses en los últimos dos años, del 2002 al 2004, en Irak, Kuwait y Afganistán. ¿De quién es esta guerra exactamente? ¿Por qué las historias de la guerra toman las trayectorias que toman? ¿Por qué en las guerras de los países balcánicos la violación de las mujeres era un asunto central que demonizaba el nacionalismo serbio mientras la violación y humillación sexual de prisioneros musulmanes varones era* mayoritariamente encubierta? ¿Y por qué hoy en día la humillación de los hombres musulmanes es la historia central mientras que la violación de sus homólogos mujeres ha sido largamente silenciada?
Porque el masculinismo militarista de hoy trabaja la diferenciación obligatoria entre mujer y hombre mediante la transposición de género; la demarcación del "otro" y la diferenciación de cada uno por medio de una visión heterosexual de uno mismo utilizando hembras blancas como señuelos. Sin embargo, también creo que estos silencios conllevan a una desconexión y una "diferenciciación" entre hombres y mujeres que no existen y que no puede existir dada la centralidad de la violencia racializada/sexualizada de la guerra. Esta deshumanización compartida también denota el preciso opuesto: la humanidad compartida de hombres y mujeres. El sexo y la raza se combinan y se replantean aquí. Los cuerpos están desconectados de su significado de género. Los hombres de piel oscura que se convierten en mujeres de todo color, pero son las mujeres blancas las que supuestamente dominan y sujetan las correas - las mujeres blancas quienes también son violadas por sus compañeros de armas. La transposición de género y la confusión de género se vuelven un señuelo en estos momentos militaristas para que no pueda verse a la gente real en su humanidad. Como tales, las estructuras del poder y de la dominación que definen el ámbito de sus vidas son puestas fuera de vista.
Barbara Ehrenreich ha planteado que Abu Ghraib deja en claro que el feminismo - la idea de que las mujeres deben ser libres para tener los mismos derechos que los hombres - es una estrategia insuficiente. Está bien, pero en parte malinterpreta Abu Ghraib. Ella escribe que Abu Ghraib es un momento de "arrogancia imperial, depravación sexual e igualdad de géneros". Pero aquí no se ve la igualdad de géneros, sólo la depravación de género, o en el mejor de los casos, una igualdad reformada que nadie desea, y a esta altura, ni siquiera las mujeres que son supuestamente iguales.
La mayoría de los feminismos alrededor del mundo y muchos en el país saben que imitar a los hombres no es igualdad ni libertad. Problemas paralelos se presentan cuando Colin Powell y Condi Rice se convierten en símbolos de esta guerra. Uno no debe presumir que su presencia signifique la existencia de igualdad racial o de género para la mayoría de los hombres y mujeres negros. En realidad, un número desproporcionado de hombres y mujeres negros están encerrados en cárceles estadounidenses; las mismas cárceles en que se les desviste y abusa.
Lo que es verdaderamente espantoso es que pueda hacerse parecer que Abu Ghraib es feminismo, pero no es ninguno que yo reconozca. Abu Ghraib es hiper-imperialismo/masculinismo desatado. Las hembras están presentes para encubrir la misoginia de la construcción de un imperio. Por lo tanto creo que hay poco o nada que pueda considerarse como feminista aquí. La mayoría de mujeres están en el ejército debido a la globalización, la reestructuración de la fuerza laboral en los EEUU, y a su deseo de obtener una educación y/o un trabajo. Jessica Lynch solicitó un puesto con Wal- Mart y cuando no lo logró, decidió alistarse. Lori Piestewa y Shoshanna Johnson, quienes lucharon junto a Lynch, son madres solteras buscando una educación. Las tres mujeres acusadas de crimines en Abu Ghraib son de clase trabajadora. Aquí veo necesidad, no igualdad. Quiero cuidarme de no simplificar la variedad y las diferencias que existen entre los soldados de esta guerra - especialmente en este caso, las mujeres. Johnson, una soldado-cocinera negra recibió disparos y fue tomada prisionera de guerra y luego rescatada para más tarde regresar a su casa con su joven hija.
Cuando se le pregunta por Lynndie England en el show de Larry King ella dice: nunca ataría a alguien por el cuello con una cuerda y le arrastraría desnudo. Me harían una corte marcial o lo que quisieran para castigarme. No lo haría. También dijo que ningún soldado debería obedecer una orden inhumana. También dice que al estar capturada temía por su seguridad y por la posibilidad de una violación pero siempre se le trató con respeto después de la golpiza en el campo de batalla.
Según Jessica Lynch, también se le trató con cuidado y preocupación cuando fue prisionera, aunque como dado a entender en I Am A Soldier Too, parece que al principio se le golpeaba y abusaba sexualmente. A pesar que su cuerpo fue maltratado, ella se rehúsa a demonizar Irak o hacerse portavoz de esta guerra. Se usan mujeres en la narración pictórica de Abu Ghraib para proteger una normatividad heterosexual. Vemos a mujeres abusando de hombres, lo cual protege la jerarquía sexual y la oposición, pero en sentido reverso; no preguntar ni decir nada es la ley aquí. Claramente, estas mujeres de bajo rango no tienen mucho bajo su control; son como títeres que apoyan las prácticas repugnantes que deberían haberse negado a realizar.
Sus acciones no denotan su propio poder o privilegio sino que demuestran el poder imperial de las mujeres blancas sobre los hombres musulmanes. Actúan en un sistema de poder jerárquico heterosexual y castigador. Este mismo sistema de poder ahora las ofrece como carne de cañón. La compleja telaraña de sexo, raza, género y clase está tejida engañosamente, sin embargo tiene sus consecuencias en Abu Ghraib. Es verdaderamente significativo que Fast y Karpinski sean blancas y que no veamos a mujeres negras en estos cargos o implicadas en delitos sexuales como England. Debido a los efectos retorcidos de la sexualidad racializada, Johnson nunca ha sido puesta en la posición de un señuelo de género. No es insignificante que la gente en los EEUU - tanto hombres como mujeres - se horrorizara al ver mujeres humillando a prisioneros en Abu Ghraib. Incluso algunos de nosotros esperábamos que las mujeres estuvieran por encima de este tipo de acciones. Obviamente, el esencialismo sencillo - que las mujeres son más cariñosas o atentas o tranquilas -simplemente no es cierto. Ni tampoco es simplemente verdad que las mujeres prefieran la guerra como la mayoría de los hombres teniendo en cuenta la vida de muchas mujeres y sus responsabilidades como padres. Las mujeres y los hombres responden a las fuerzas que los afectan y se construyen a partir de ellas.
Ni el esencialismo de género ni el construccionismo aclaran la guerra. Entonces sí, Abu Ghraib denota un problema más grande que el de unos pistoleros sueltos que deciden abusar y torturar a prisioneros. Las prácticas obscenas de degradación humana ya estaban presentes en Afganistán y en las cárceles de nuestro país. Ahora se ha revelado que ex guardias con historias de abuso, interrogadores de detenidos en Guantánamo y oficiales de guerra en Afganistán entrenaron a los militares de Abu Ghraib. No sólo se trata de los roles que jugaron el secretario de defensa Rumsfeld, la consejera de seguridad nacional Condoleeza Rice, el subsecretario de defensa para asuntos de inteligencia Stephen Cambone y el comandante del centro de detención en Guantánamo.
También tiene que ver con el sistema más grande de masculinidad racializada que ha sido puesto a toda velocidad en este momento de militarización unilateral. Este sistema estructural de privilegio y poder jerárquico demarca como "otro" a cualquiera que no sea parte del negocio de la construcción de un imperio. Quedan pocos si no es que ningún civil en estos momentos.
Individuos racializados de uno u otro género nunca son lo que parecen a simple vista. Pero el género es complicado. Es el complemento ideal para el camuflaje. Cuando Kofi Annan dice que invierte en las mujeres de África y que ellas le ayudarán a resolver el problema del SIDA; cuando la gente depende de las mujeres en los EEUU para que se movilicen por su inmenso compromiso por la paz; cuando las mujeres en Afganistán e Irak proveen significativo liderazgo para una verdadera lucha por la democracia y cuando las mujeres se movilizan por la necesidad económica para combatir en esta "guerra contra el/del terror" no hay una explicación fácil. Los verdaderos compromisos con la igualdad de género serán usados y abusados por los que tienen el poder.
La diferenciación de género se movilizará para la guerra y para la paz. Es la cara fea del nuevo patriarcado del capitalismo de la guerra. La "guerra contra el/del terror" de Bush oculta la realpolitik -cual es la misoginia racista y capitalista trasvestida para la construcción unilateral de un imperio. Abu Ghraib nos mostró que la humanidad y la inhumanidad son de todos los colores y géneros. La guerra te prepara a matar, estar siempre en guardia, no confiar en nadie que sea enemigo. La guerra entonces casi siempre destroza el mismo sentido de humanidad que te permite verte a ti mismo en otro, ver tu conexión con otro en vez de su diferencia contigo. La brutalidad refleja este proceso de ver y luego no ver la humanidad de otros. La visión a los prisioneros iraquíes emasculados en Abu Ghraib - desde la distancia - forzó a la gente en los EEUU a ver la guerra desde cerca. La mayoría de nosotros vimos más de lo que queríamos: la "guerra contra el/del terror" de los EEUU es fea y vil; la guerra en Irak fracasa; no somos diferentes a Saddam Hussein.
La construcción de género siempre cambia. Y con ello la guerra misma cambia. Por lo tanto, la masculinidad y la feminidad y sus significados específicos racializados siempre están cambiando. Linda Burnham hace hincapié en la "sexualización de la conquista nacional" en Abu Ghraib y ve la dominación sexual como parte de una "sexualidad hiper-militarista". Este momento hiper-sexual queda revelado porque el racismo sexualizado siempre es puesto en la delantera cuando los sistemas de poder están en crisis y demasiada verdad sale a la luz. El poder unilateral está ciego de una arrogancia completa y total. El gobierno de Bush cree que está por encima de la ley, sin tener que dar cuentas de ningún tipo. La tortura está bien. Nadie es inocente. No hay civiles. El ejército estadounidense se vigilará a sí mismo. Es su propio tribunal de última instancia. No hay protecciones para los prisioneros.
La "guerra contra el/del terror" es una guerra aterrorizadora para todos los que tienen contacto con ella. Las líneas entre combatientes y población civil, derechos y humillaciones y entre hombres y mujeres blancos, negros y de piel oscura han sido redelineadas y rehechas. Pero este cambio continúo de género está situado dentro de las restricciones del patriarcado racializado y del género masculinizado. Los cuerpos desnudos de hombres musulmanes torturados junto a mujeres blancas con cigarrillos y correas, y la ausencia y el silenciamiento de mujeres musulmanes en Abu Ghraib son un recuerdo desgarrador de que la guerra es obscena. Sería un doble desgarro pensar que la gente de este país pueda tolerar al menos parte de las violaciones en Abu Ghraib, especialmente en nombre del feminismo. Espero que la horrorosa revelación pictórica de la tortura en Abu Ghraib nos hará comprometernos nuevamente con la lucha por una humanidad anti-racista, feminista y que incluya la liberación de cada persona en la planeta.
*Quiero agradecer a Asma Barlas, Miriam Brody, Cynthia Enloe, Mary Katzenstein, Rosalind Petchesky y a Patty Zimmermann por leer y hacer comentarios al borrador inicial de este ensayo. Vea mi libro Against Empire, Feminisms, Racism, and the West (Londres: Zed Press, EEUU: Palgrave, India: Kali), Julio 2004, para una revisión más completa de las ideas expresadas aquí.
Eric Schmitt, "Military Women Reporting Rapes By U.S. Soldiers", New York Times, 26 de febrero, 2004, p. A1. Barbara Ehrenreich, "What Abu Ghraib Taught Me", www.Alternet.org/story. 20 de mayo, 2004. Rick Bragg, I Am A Soldier Too (New York: Alfred Knopf, 2003)
Estoy particularmente en deuda con los comentarios de Rosalind Petchesky para la clarificación de este discurso. Linda Burnham, "Sexual Domination in Uniform: An American Value" War Times, http://www.war-times.org, 19 de mayo, 2004.

