Por WHRnet
Convocó a más de 150.000 activistas de 135 países, desde feministas a ambientalistas, desde Relatoras Especiales de la ONU hasta activistas estudiantiles. Para quienes lo vivimos, el Foro Social Mundial de este año fue, para decirlo simplemente, una inspiración.
El Foro Social Mundial comenzó con una marcha. Grandes marionetas y caricaturas enormes de lìderes mundiales condujeron a cientos de integrantes de los movimientos de personas sin tierra que marcharon junto a las mujeres Dalit de la India y a activistas lesbianas, gays, bisexuales y transgéneros (LGBT). Mujeres vestidas con trajes de novias en jirones, exhibiendo la falsa sangre de sus aflicciones domésticas cantaron canciones de duelo como parte de una protesta teatral contra la violencia hacia las mujeres. La diversidad de grupos presentes era tan amplia y tan larga como la marcha misma. Más de doscientas mil personas se reunieron, tocaron tambores, cantaron, bailaron y caminaron juntas en solidaridad, convocadas por la visión colectiva de que otro mundo es en verdad posible. La energía era a la vez refrescante y caótica. Mi colega sugirió con lucidez que "así, como este caos, sería la verdadera democracia".
Los cuatro días que siguieron fueron igualmente impresionantes. Una franja de diez kilómetros a lo largo del Arroyo Diluvio alojó a unas enormes carpas blancas y a las estructuras temporarias que funcionarían como nuestras salas de reuniones y otras carpas más pequeñas, hogares temporarios para las y los participantes, se instalaron cerca. Las carpas las compartían tanto artistas como académicas/os y activistas. Fotos, pinturas bellamente realizadas, imágenes difíciles de olvidar y esculturas se mezclaban con afiches de presentaciones, recordatorios del Foro y campañas visuales. Esos espacios reunían a jóvenes brasileños sin camisa con Relatoras Especiales de la ONU. Lula lanzó el Llamado Global a la Acción Contra la Pobreza y grupos radicales pensaron estrategias acerca de cómo terminar con el imperialismo. Las sesiones incluyeron títulos tan amplios y curiosos como "Abajo la granja: El impacto de las tecnologías a nano-escala sobre el alimento y la agricultura", "Hablemos en voz alta por un Tratado de la ONU sobre el Derecho al Agua", "Confesiones de un hacedor de éxitos económicos", y "Actuemos por los derechos de las mujeres … Beijing + 10, ODMs y más allá". El FSM brindó más de 2.5000 actividades a sus participantes.
Esta democrática masa de activistas y eventos de una amplia gama de movimientos nos recuerda que como activistas no trabajamos aisladas ni aislados; que somos más que nuestro propio trabajo u organización: que somos la suma de todas nuestras partes.
Justo antes del FSM, doscientas feministas nos reunimos durante tres días en los Diálogos Feministas (DFs). El objetivo era juntarnos para analizar los desafíos que se le presentan al movimiento feminista dado el actual clima internacional de mayor globalización, militarización y fundamentalismos. Nuestra agenda fue amplia. Los DFs, como el Foro Social Mundial al que estuvieron ligados, despertaron muchas más preguntas que respuestas, cuestionamiento que fue inevitable dada la tarea propuesta, la diversidad de participantes, y el lugar actual del movimiento feminista. Rápidamente se tornó evidente a todas luces que el movimiento feminista se encuentra (de nuevo) en una interesante encrucijada, una que mira tanto hacia adentro como hacia fuera.
Es natural que las mesetas nos inviten a pensar cómo avanzar hacia el nivel siguiente. Los debates de los Diálogos Feministas, y en particular el trabajo en los grupos pequeños, alimentaron el análisis personal y político sobre una variedad de desafíos y oportunidades. Los principales temas que surgieron durante mis diez días en el FSM fueron, entre otros, el rol de la fe entre las feministas, el surgimiento de los fundamentalismos a escala global, el rol de las feministas en los movimientos más amplios, y las relaciones entre todos esos temas. Las conversaciones se dieron más o menos así:
Mi primer día en el FSM, una participante increíblemente aguda de Tonga dijo abiertamente "¿Quién decide si yo soy feminista o no?". Y agregó: "Sí, soy católica. No me haría un aborto, pero al mismo tiempo no quiero quitarle a ninguna mujer el derecho a elegir por sí misma".
Una semana más tarde, durante una pequeña pero muy tórrida sesión sobre Fundamentalismos y Estados Laicos, un pastor evangélico se pone de pie. Confiesa ser progresista y expone su postura de apoyo y solidaridad con los movimientos que están cuestionando los derechos sexuales y reproductivos. Y está de acuerdo en que las evangélicas y los evangélicos también están siendo usadas y usados por las y los fundamentalistas.
Y en el avión de Sao Paulo a Toronto luego del Foro Social Mundial, la mujer sentada detrás de mí me dice que enseña Teología Feminista. Le hubiera gustado haber participado de los DFs. Le pregunté qué pensaba sobre los espacios disponibles para la fe y el feminismo, y sobre los discursos acerca del tema. Ella giró y me dijo "Hay un corpus entero de investigación que se ocupa de esa área exclusivamente". Claro que lo hay.
Para mí, las preguntas ya no se centran en cómo es la intersección entre fe y feminismo. Hay entre nosotras feministas que son mujeres de fe, así como hay entre nosotras feministas que no lo son. Hay lesbianas que quieren casarse por la iglesia, así como hay lesbianas que piensan que el matrimonio equivale a la cooptación. Y hay católicas que apoyan el derecho de las mujeres a elegir.
El feminismo y la fe suceden, el uno al lado de la otra, y se entrecruzan en una variedad de puntos. Esto sucede de formas diferentes para las mujeres de acuerdo al lugar donde se encuentren. La pregunta no es ¿cómo incluye el feminismo a la fe? Tampoco es ¿cómo hago para conciliar mi fe con mi feminismo? Las feministas estamos tejiendo una nueva tela, con hilos coloridos y diversos, incluyendo la fe. Las preguntas que persisten son: cómo lo estamos haciendo y, qué espacios están abiertos para las feministas que "salen del armario" respecto de su fe. La necesidad de explorar el proceso continúa, aun cuando los principios ya estén establecidos.
En el contexto del FSM, es claro que al feminismo le importan más temas que los de derechos sexuales y reproductivo. Aunque es crucial para nuestro trabajo como activistas, y para los derechos y el bienestar de las mujeres, el debate sobre el aborto y la anticoncepción utiliza los cuerpos de las mujeres para enfrentarnos a unas con otras. Y esto continúa manteniendo divididas a las feministas. El movimiento feminista se encuentra frente a una nueva encrucijada; tal vez hasta podemos estar de acuerdo en que no estamos de acuerdo, si hacerlo significa que lograremos nuestras metas. Y a fin de cuentas el/los movimiento/s internacional/es feminista/s está/n comprometido/s con una visión del mundo más abarcadora, una que incluya el fin de la pobreza, el fin del conflicto, comercio y políticas agrícolas más justas, y las mujeres en mayores posiciones de poder - para nombrar apenas algunas cosas.

