Fuente: Isis Internacional
Es la primera vez que se realiza una investigación de este tipo en Costa Rica, constituyéndose en un aporte pionero para el movimiento de mujeres de ese país. La incidencia del fenómeno de la violencia sexista fue el punto de partida para iniciar este trabajo. En el 2000, el Instituto Nacional de las Mujeres, a través de su línea telefónica "Rompamos el Silencio", recibió 12 mil 183 llamadas, de las cuales, el 94 por ciento fueron solicitando apoyo para mujeres víctimas de violencia. Por otra parte, según datos del Departamento de Planificación del Poder Judicial, en 1999 se registraron 26 mil 437 pedidos de protección contra la violencia doméstica, 26 por ciento más que en 1998, siendo las provincias de San José y Alajuela las que reportaron más denuncias. Asimismo, en el transcurso del año, la Delegación de la Mujer atendió 5 mil 188 casos, la mayoría vinculados con situaciones de violencia intrafamiliar contra las mujeres.
Riesgo mortal
Otra pista que facilitó el trabajo de Carcedo y Sagot fue un estudio realizado por el Programa "Mujer No Estás Sola", de CEFEMINA, con base en 5 mil mujeres que han acudido a los grupos apoyo. El estudio establece que el tipo de agresiones sufrido por la mayoría de ellas frecuentemente las puso en situación de riesgo mortal. Así, un 15 por ciento fue atacado o amenazado con armas de fuego; un 31 por ciento, con armas blancas; un 24 por ciento, con vidrios, sufrió quemaduras o daños producidos con otro tipo de objetos. Lo significativo de este estudio fue que un 58 por ciento manifestó haberse sentido en peligro de muerte y, lo más grave, un 47 por ciento intentó suicidarse. Finalmente, el 48 por ciento tuvo que abandonar su casa por miedo a morir.
A este respecto, las investigadoras hacen notar que si otras personas, pertenecientes a un determinado grupo social, "fueran sistemáticamente amenazadas de muerte y asesinadas, el hecho se denunciaría públicamente como una violación brutal de sus derechos humanos y de su integridad; sin embargo, en el caso de las mujeres, hasta hace muy poco, estas muertes han sido presentadas como casos aislados en las páginas de los periódicos".
Dos escenarios diferentes
Una de las primeras tareas de Carcedo y Sagot fue recopilar información estadística disponible sobre mujeres asesinadas, víctimas de violencia sexista, entre 1990 y 1999. Para ello acudieron al Organismo de Investigación Judicial (OIJ), donde pudieron constatar que los hombres son quienes están más involucrados en actos de violencia, particularmente en homicidios, tanto como ejecutores o como víctimas (86 por ciento). Con respecto a la autoría de los homicidios, la participación de las mujeres no sólo ha sido menor, sino que, en términos relativos al total, ha disminuido ligeramente durante la década estudiada. Así, entre 1990 y 1994, las mujeres fueron autoras del 7.5 por ciento del total de homicidios, mientras que, entre 1995 y 1999, lo fueron del 5.5 por ciento. El dato más significativo dentro de este contexto es que, en los últimos diez años, el porcentaje de las mujeres víctimas de asesinato fue de 14 por ciento, en tanto que el de las que cometieron homicidio alcanzó el 6 por ciento del total. Como muy bien destacan las autoras de este estudio, "los hombres no sólo se matan entre ellos, sino que son más frecuentemente ejecutores de estas muertes violentas que víctimas, al contrario de lo que ocurre con las mujeres". El Cuadro 1 detalla esta diferencia.
En cuanto a los asesinatos de mujeres, una de las causas más frecuentes fue la violencia doméstica y sexual (45 por ciento), sólo una minoría de estos asesinatos se debió a robos, riñas y drogas (21 por ciento). El Cuadro 2 muestra que, en el año 1999, los llamados "móviles pasionales" y problemas familiares fueron los que cobraron más víctimas entre las mujeres.
Esta indagación también establece que un tercio de los asesinatos contra hombres fue cometido por individuos sin relación alguna con las víctimas, y sólo una pequeña minoría de las mujeres asesinadas (21 por ciento), lo fue por personas desconocidas por ellas. Tampoco son muchos los homicidas de mujeres cuya identidad es desconocida (19 por ciento)1. Quienes más frecuentemente asesinan a mujeres son conocidos y familiares, y, por lo general, estos hechos ocurren en la casa.
Las cifras ocultas
El aspecto más relevante de esta investigación es haber detectado un total de 44 homicidios (14 por ciento del total), que no figuran en los registros del OIJ. Este rastreo significó revisar los registros de la Sección de Patología Forense, donde a 26 de las víctimas se les practicó la autopsia correspondiente, deduciéndose que se trató de homicidios. La ausencia de un registro formal de este tipo de muertes intencionales de mujeres es notoria cuando se trata de establecer los femicidios. De acuerdo al Cuadro 3, los femicidios constituyen la mayoría de los homicidios de mujeres entre 1990 y 1999 (58 por ciento), "esto significa, señalan Carcedo y Sagot, que la violencia basada en la inequidad de género es causante de más de la mitad de los homicidios de mujeres; además, hay que tomar en cuenta que existe un considerable número de homicidios (17 por ciento) sobre los que no se pudo obtener suficiente información para determinar si podían ser considerados o no femicidios" (Ver Cuadro 3).
Por otra parte, y de acuerdo al Gráfico 1, el porcentaje de los homicidios de mujeres en los que autores y causas fueron conocidos, excluyendo los "indeterminados", el porcentaje de femicidios asciende al 70 por ciento del total de los asesinatos de mujeres. Esto significa, advierten las investigadoras, "que la mayoría de estos hechos se deben a una manifestación extrema de la violencia basada en la inequidad de género, es decir, son femicidios porque se trata de homicidios que no ocurren por casualidad, ni en los que las víctimas podrían ser indistintamente una mujer o un hombre. Se trata de homicidos en los que el hecho de que la víctima sea una mujer es una condición necesaria para que se produzcan".
Otro aspecto valioso de esta investigación es la constatación de que el femicidio no tiene paralelo en el caso de los hombres. Excepcionalmente, entre 1994 y 1999, se registraron 30 casos de asesinatos de hombres cometidos por esposas, convivientes, hijas o familiares femeninas. Esto representa el 2.7 por ciento del total de homicidios masculinos ocurridos en ese mismo período. Los móviles más frecuentes que llevan a una mujer al asesinato son la defensa propia (malos tratos, violación) o la defensa de sus hijas/os. Lo ideal, advierten Carcedo y Sagot, sería lograr "erradicar los homicidios por violencia doméstica y sexual, tanto en el caso de las mujeres como en el de los hombres. A la larga, esto significaría la disminución de las muertes intencionales de mujeres en, al menos, un 58 por ciento, mientras que las de los hombres sólo disminuirían en un 9 por ciento" (ver Gráfico 2).
Incidencia e impacto
Un hallazgo preocupante, según las investigadoras, fue constatar que en la primera y segunda mitad de la década en estudio ocurrió un número similar de homicidios contra mujeres (157 y 158 respectivamente), sin embargo, entre 1995 y 1999 se reporta un 12 por ciento más de femicidios que en los primeros cinco años anteriores. Esto significa que mientras el número total de las muertes intencionales de mujeres no aumentó, el de femicidios sí lo hizo. Las cifras son categóricas: 56 por ciento en la primera década, y 61 por ciento en la segunda. Como se puede apreciar en el Cuadro 4, entre 1990 y 1999, más mujeres murieron por causas relacionadas con el género que por el SIDA. Estas muertes por violencia sexual son equiparables sólo con la mortalidad materna. De ahí que la Organización Panamericana de la Salud (OPS) haya declarado la violencia contra las mujeres como un problema de salud pública.
Este estudio también destaca que las relaciones de pareja resultan ser las más peligrosas: el 61 por ciento de mujeres asesinadas fueron novias, convivientes o esposas, con una edad promedio de 30 años, y el lugar donde frecuentemente ocurren estos hechos es la casa o cerca de ella (57 por ciento). Otro dato importante es que las armas usadas por los asesinos son cuchillos de cocina, machetes, tijeras y otro tipo de armas blancas (35 por ciento); a su vez, el 14 por ciento de las mujeres murieron por estrangulamiento y, 8 por ciento, por golpes. Al menos, el 33 por ciento de los asesinos actuó con ensañamiento, empleando una combinación de métodos, planificándolos y buscando la oportunidad en que la víctima estuviera sola e indefensa. La mayoría de los femicidios ocurridos durante la década fueron cometidos por parejas o ex parejas. Según las investigadoras, esto obliga a analizar las dinámicas de control existentes dentro de la relación de pareja. Del total de 184 femicidios ocurridos en el período estudiado, en 101 de ellos (55 por ciento) las muertes fueron consecuencia de este hecho. Para ellas, "el femicidio se produce como la consecuencia última de un intento explícito del agresor por controlar a la mujer, su cuerpo y/o sus actuaciones".
En este sentido, en el 33 por ciento de los casos, las muertes ocurrieron cuando las mujeres se separaron de sus parejas o hicieron el intento. Esto significó que 34 mujeres fueran asesinadas, por lo que es contraproducente la actitud que toman las autoridades, incluso los familiares, que recomiendan una reconciliación o que regresen con el agresor para evitar males mayores. Otros casos de femicidio fueron por causa de un ataque sexual (24 por ciento), por celos (21 por ciento), y por rechazo a propuestas sexuales de compañeros, pretendientes o conocidos (4 por ciento).
Impunidad
De acuerdo al Código Penal costarricense, las penas por homicidio pueden ir de 12 a 35 años, esto último cuando se trata de homicidios calificados. A juicio de Ana Carcedo y Montserrat Sagot, "muchos de los femicidios deberían ser considerados homicidios calificados, ya que entre la víctima y el asesino existen frecuentemente relaciones familiares y de pareja, sin embargo, la calificación que se suele dar a este tipo de homicidio es claramente discriminatoria, ya que para su aplicación requiere que la pareja haya procreado hijos en común y convivido un mínimo de dos años antes de ocurrir la muerte". Por otra parte, existe el homicidio atenuado para delitos cometidos en "estado de emoción violenta", que tiene una pena de cárcel no mayor de 10 años. Esta figura penal es un argumento frecuentemente utilizado por los abogados defensores de un femicida. De manera que sólo con algunas excepciones se han impuesto penas de 35 años de cárcel; además, en la práctica, muchos de los condenados pueden reducir hasta un tercio su pena, acogiéndose a algunos beneficios, lo que a la larga equivale a la impunidad. Desde luego, esta impunidad se inicia con "la falta de penalización de la violencia cotidiana que permite a los agresores actuar con libertad, continúa con el trato privilegiado que se les da al no ser considerados delincuentes, y encuentra respaldo cuando las y los funcionarios, especialmente los judiciales y policiales, no cumplen su cometido o actúan privando a las mujeres de protección y de su derecho a que se haga justicia", concluyen las investigadoras.





Notas
Datos correspondientes al período 1991-1999
Bibliografía
Andersen, Margaret. 1988. Thinking About Women. MacMillan Publishing Company: New York
Bunch, Charlotte. 1991. "Los Derechos de la Mujer como Derechos Humanos"; en Mujer y Violencia Doméstica. Instituto de la Mujer: Chile
Carcedo, Ana. 1994. "Mujer no Estás Sola: Cinco mil Mujeres Deteniendo el Maltrato"; en Mujeres Hacia el 2OOO: Deteniendo la Violencia. CEFEMINA: San José, Costa Rica
Carcedo, Ana y Alicia Zamora. 1999. Ruta Crítica de las Mujeres Afectadas por la Violencia Intrafamiliar en Costa Rica. OPS: San José, Costa Rica
Centro Centroamericano de Población. 2001. Datos Demográficos.Universidad de Costa Rica
Chafetz, Janet S. 1984. Sex and Advantage: A Comparative Macro-Structural Theory of Sex Stratification. Rowman & Allanheld: New Jersey
Chow, Esther and Catherine W. Berheide. 1994. Women, the Family and Policy: A Global Perspective. SUNY Press: New York
CIMAC. 2000. "Servicio de Noticias e Información de la Mujer". CIMAC: México
Dobash, Rebecca y Russell Dobash. 1979. Violence Against Wives. The Free Press: New York
Heise, Lori, et. al. 1994. Violencia contra la Mujer: La Carga Oculta Sobre la Salud. OPS: Washington, DC. Johnson, Holly. 2000. "Enhancing Knowledge on Violence Against Women". Ponencia presentada en el Tenth United Nations Congress on the Prevention of Crime and the Treatment of Offenders, Viena
Johns Hopkins-CHANGE. 1999. "Ending Violence Against Women"; en Population Reports Vol. XXVII, No. 4, diciembre. The Johns Hopkins University School of Public Health: Baltimore, MD
Kelly, Liz. 1988. Surviving Sexual Violence. Polity Press: England
Microsoft Corporation.1996. Enciclopedia Multimedia Encarta 97
Morgan, Robin. 1989. The Demon Lover. W.W. Norton & Company: New York
Poder Judicial. 1999. Boletín Judicial Nº 186, 24 septiembre. San José, Costa Rica
Proyecto Estado de la Nación. 2000. VI Informe del Estado de la Nación en Desarrollo Humano Sostenible: PNUD: San José, Costa Rica
Radford, Jill y Diana E. Russell. 1992. Femicide: The Politics of Woman Killing. Twayne Publishers: New York.
Sagot, Montserrat y Ana Carcedo. 2000. La Ruta Crítica de las Mujeres Afectadas por la Violencia Intrafamiliar en América Latina. Estudios de Caso de Diez Países. OPS: San José, Costa Rica.
Sagot, Montserrat. 1994. "Marxismo, Inter-accionismo Simbólico y la Opresión de la Mujer". Revista de Ciencias Sociales Nº 63. San José, Costa Rica
Shrader, Cox, Elizabeth. 1992. "Developing Strategies: Efforts to End Violence Against Women in Mexico"; en Fredoom from Violence: Women's Strategies Around the World. Edited by M. Schuler. OEF Inter-national: New York.
Statistics Canada. 1993. Violence Against Women. Survey Highlights and Questionnaire Package. Canadian Centre For Justice Statistics: Otawa.
Strauss, M.A., R.J. Gelles y S.K. Steinmetz. 1980. Behind Closed Doors: Violence in the American Family. Anchor Books: New Jersey.
Tertulia: Una Ventana hacia la Vida de las Mujeres. Vol III, Nº. 41, 2 de diciembre del 2000: Guatemala.
United Nations. 1991. The World's Women 1970-1990: Trends and Statistics. Social Statistics and Indicators, Serie K, Nº 8: New York.
United Nations. 2000. The World's Women. Trends and Statistics. United Nations: New York.
Ana Carcedo, integrante de CEFEMINA y Monserrat Sagot, de la Universidad de Costa Rica. Investigadoras costarricenses.
Fuente: Femicidio en Costa Rica 1990-1999. El texto completo de esta investigación puede consultarse en la página web de Isis Internacional: www.isis.cl

