Por Tania Principe, WHRnet
Tania Principe se pregunta si la ayuda prometida para aliviar los efectos del tsumani se va a quitar de proyectos que ya están en marcha y si el mundo está escuchando a las personas más afectadas.
Mientras escribo esto, Kofi Annan acaba de lanzar el llamamiento Naciones Unidas Flash para los esfuerzos inmediatos de auxilio en áreas afectadas por el tsunami del Océano Indico. Se buscará conseguir 977 millones de dólares de gobiernos e instituciones del mundo entero. Annan anunció que ya se ha comprometido la cifra sin precedentes de un billón de dólares estadounidenses. Pero Médicos Sin Fronteras ha pedido que la gente deje de enviar dinero. Muy poco antes (de ese pedido), el Coordinador de Ayuda en Emergencias de la ONU, Jan Egeland, declaró en conferencia de prensa que por primera vez en la historia en los casos de apelación ante una emergencia, esta vez se podría conseguir todo el dinero que se necesitaba.
Sin embargo y por enésima vez luego de un desastre o emergencia en el Sur Global, los medios y el gobierno se están concentrando en contar el dinero y en contar las muertes. Esta hipérbole a menudo histérica destinada a juntar votos y a vender periódicos ha oscurecido la presencia de sucesos cotidianos desalentadores y temas de siempre que han vuelto a salir a la superficie o que se han visto agravados después del tsunami, y la visión colectiva estrecha de aquellos a quienes recurrimos en busca de la 'verdad' y la información ha invisibilizado los muchos análisis que han estado surgiendo desde las bases en las regiones más brutalmente afectadas. El mundo supo muy poco acerca de la huelga civil en Aceh o en el Norte y Este de Sri Lanka antes del tsunami. Aún así, esa situación no ha cambiado demasiado. Por el contrario, el tsunami ha exacerbado las desigualdades, los conflictos y las tensiones existentes antes de su aparición. Declaraciones que llegan desde Aceh cuestionan el flujo de personal militar indonesio en una región que ya estaba regida por la ley marcial. ¿Cómo afectan las tensiones en el Norte y el Este de Sri Lanka la distribución de ayuda humanitaria? ¿Qué grupos están trabajando a nivel comunitario para garantizar que todas las personas afectadas, incluyendo la minoría tamil, sean atendidas?
Que gobiernos y personas en el mundo entero estén metiéndose las manos en los bolsillos para donar dinero para la ayuda y la reconstrucción en una catástrofe que no ha afectado directamente a la mayoría de ellos y ellas es por supuesto algo extraordinario y que debía haber pasado hace ya mucho tiempo. Mi madre tiene amigas que jamás han hecho una donación y que ahora con toda facilidad firman cheques por 100 US$ para la colecta que ella está haciendo. Fantástico: sigamos adelante. Con un poco de suerte nos sentiremos tan bien dando que la gente comenzará a hacer lo propio para situaciones que no se consideran emergencias, como la prevención de la malaria. Cada día mueren treinta mil niñas y niños a causa de esta enfermedad, que podría prevenirse. En cuanto a los gobiernos, ¿sus reservas de dinero han brotado de repente o simplemente las han reconfigurado? ¿De dónde salió el dinero que han prometido? ¿Y a expensas de quién? En otras palabras: ¿será que los compromisos que ya tenían asumidos como donantes para financiar programas permanentes como, digamos, proyectos contra el VIH/SIDA en Tanzania los han cortado y han derivado ese dinero a la ayuda post-tsunami? Si se cortan los programas para el desarrollo ya planificados, ¿qué nos dice eso acerca del potencial de los fondos para los esfuerzos más sostenidos y de largo plazo que serán necesarios para reconstruir infraestructura, renovar terrenos cultivables, volver a darle vigor a las economías de las zonas afectadas por el tsunami? Mientras a Occidente le encanta verse a sí mismo como hermano mayor listo para tender su mano solidaria, el hecho sigue siendo que el gasto per capita de las naciones industrializadas en ayuda internacional es apenas de 66 US$ por año.
En todo el mundo hay gente pidiéndole a sus gobiernos que perdonen las deudas de los países más afectados. Habrá que ver quiénes, además de embarcarse en la carrera de promesas de ayuda, se sumarán a la carrera para el alivio de las deudas.
Si nosotras, a diferencia de los medios, los gobiernos, e incluso la mayoría de las agencias de ayuda (a juzgar por sus informes) escuchamos a las mujeres que están en el terreno en Sri Lanka, podemos ver también quiénes son las y los que están perdiendo. Mientras la devastación de edificios y líneas de comunicación ha dejado a poblaciones enteras sin hogar, son las mujeres en particular las que están teniendo que improvisar una existencia en un ambiente que se torna cada vez más vulnerable. Hasta el día de hoy, el auxilio a las víctimas no ha mostrado un análisis adecuado de las necesidades especiales de distintos grupos de personas. La salud de las mujeres está corriendo más riesgo que nunca, y el bienestar físico y sexual de las mujeres se ve comprometido en un ambiente de cada vez más abuso y acoso.
El colectivo Mujeres y Medios, de Sri Lanka, está tratando de llamar la atención frente a "los temas serios que conciernen a la seguridad y el bienestar de las mujeres y de los que, hasta el momento, el auxilio a las víctimas no se ha ocupado". A la vez que reconocen con gratitud la generosidad y las acciones que se han llevado adelante hasta la fecha, alertan que "es necesario cambiar el foco de los esfuerzos para garantizar que quienes han sufrido como consecuencia del tsunami no se vean sometidas a violencia y abuso adicionales".
El colectivo ha recibido denuncias de mujeres que fueron violadas por individuos y por grupos, molestadas y/o maltratadas físicamente durante los rescates no supervisados y mientras residían en refugios temporarios y de emergencia.
El análisis de género que está ausente de la abrumadora mayoría de la retórica y las noticias sobre el auxilio a las víctimas del tsunami revelaría que la seguridad de las mujeres - de las solteras y de los hogares encabezados por mujeres- podría fácilmente verse comprometida en alojamientos de emergencia compartidos. Un análisis de género también revelaría la gama de riesgos y peligros específicos a las mujeres. Por ejemplo: el rol tradicional femenino de proveer a las necesidades básicas de la familia puede forzar a las mujeres a abandonar la relativa seguridad del hogar temporario durante períodos más largos, lo que a su vez las podría colocar en situación de mayor vulnerabilidad. Este mismo rol de proveedoras para su familia a veces implica que las mujeres comen menos de la comida que hay disponible, reduciendo su ingesta nutricional a la vez que continúan lavando la ropa, manteniendo la limpieza de lo que funciona como su hogar o saliendo a buscar combustible para cocinar y otros elementos necesarios para la vida. Esta desnutrición ligada a los posibles esfuerzos para conseguir alimento y/o combustible también coloca a las mujeres en un riesgo mayor de contraer enfermedades contagiosas. Y por supuesto están los riesgos sanitarios agravados como resultado de la violencia sexual.
Esto es sólo la punta del iceberg. Hay innumerables temas que exigen, cada uno, un escrutinio serio, en términos tanto de las necesidades especiales de las mujeres como de la comunidad en general: el tráfico de mujeres, niñas y niños; el rol de los grupos fundamentalistas que llenan la brecha existente en cuanto a provisión de servicios; el fútbol político de los gobiernos; el rol de las fuerzas armadas en la provisión de servicios; la corrupción y el robo, por nombrar sólo algunos.
Hasta hoy, los medios y las ONGs no han escuchado el mensaje de Mujeres y Medios. Son todavía menos quienes han respondido a sus llamados a la acción. Las organizaciones internacionales han sido lentas en reconocer las necesidades específicas de las mujeres y los organismos intergubernamentales han sido más lentos todavía en cuanto a informar acerca de algo más que la ayuda. Estamos pidiendo a los medios y a las agencias de ayuda que están en el terreno que vayan a las comunidades y hablen con las mujeres, no sólo como madres dolientes sino como directoras y contribuyentes en la planificación y ejecución exitosa de los esfuerzos masivos para el auxilio a las víctimas. Si las agencias de ayuda y los medios de noticias siguen sin representar las voces y preocupaciones de más del 50% de las poblaciones afectadas, no habrá presión para detener los abusos y las violaciones que se producen contra un grupo de personas que ya estaba sufriendo por el desastre.
La carrera por la ayuda debe ser tal que apunte a auxiliar a todas las personas.
***
Tania Principe es la Directora a cargo de Women's Human Rights Net (WHRNet). Ha vivido y trabajado con grupos de mujeres tanto en Sri Lanka como en Tailandia. Esta es su respuesta personal frente a los esfuerzos de ayuda post-tsunami.

