Por Ana Elena Obando
WHRnet
Yolanda Guirola, es abogada feminista, promotora de derechos humanos. Miembra fundadora del Instituto de Estudios de la Mujer “Norma Virginia Guirola de Herrera“ CEMUJER, Enlace de CLADEM en El Salvador.
Yolanda piensa que el control sobre los cuerpos y la sexualidad de las mujeres constituye el fundamento sobre el cual se han sostenido los códigos religiosos, morales y jurídicos que han regido a la humanidad desde hace más de 3000 años.
Según su visión las mujeres podemos exigir el derecho a insertarnos en la construcción de las normas, políticas y programas que nos permitan mantenernos vigilantes en el cumplimiento de nuestros derechos, en tanto necesidades, libertades, y vida sin discriminación.
Para ella, las mujeres nos encontramos formando parte de un mundo globalizado, violento y polarizado, que conforma un escenario de inseguridad social e incertidumbre, en donde el SIDA no puede pasar inadvertido, sumándose a todos los “ privilegios “ que este mundo se nos impone como consecuencia del goce de nuestro derechos sexuales.
Yolanda nos cuenta que se han provocado grandes conflictos bajo el marco de los derechos humanos que dificultan el tratamiento de esta epidemia que crece aceleradamente. Las proyecciones estimadas para el año 2000, según la Organización Mundial para la Salud, reflejan que 40 millones de personas estarán infectadas por el virus, dos tercios de las cuales serán adultas y un tercio niñas y niños.
Para Yolanda, parte de las violaciones de los derechos humanos, se dan a partir del conocimiento de la infección, por las implicaciones sociales que se transforman en prejuicios y rechazos al considerar a las mujeres como “moralmente desviadas“, es decir, prostitutas, drogadictas, homosexuales, agrandando la cadena de culpas y discriminaciones que sufren las mujeres. Y Si bien es cierto que los aspectos psicológicos de la infección, inciden de manera diferente según la edad de las mujeres, para todas, en tanto mujeres, el carácter de portadora tiene un precio alto. La infección significa enfrentarnos a constantes violaciones de nuestro derecho a la vida con dignidad y libre de violencia de todo tipo; a someternos a restricciones sobre nuestra sexualidad, maternidad, educación, trabajo, participación política. La pregunta es: ¿Aceptaremos que no tenemos elección, que la sociedad nos impone un solo proyecto de vida: la MUERTE en soledad, acompañada de temores y dolores? O exigiremos que este mundo de “privilegios” debe hacer frente no solamente a la epidemia del VIH-SIDA sino también a la de las discriminaciones sociales, culturales y políticas que ambas provocan?
Ella concluye explicando que las mujeres formamos parte de este mundo, que la realidad planteada es preocupante, y que por lo tanto debemos ejercer el derecho humano a asegurarnos un lugar en la sociedad como parte integrante de la misma, con nuestras capacidades, creatividades, deseos y proyecciones.

