Red LatinoAmericana de Católicas por El Derecho a Decidir
Se pronuncia: ante carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre la colaboración del hombre y la mujer en la Iglesia y El Mundo
Con indignación y tristeza recibimos la carta divulgada por la Congregación para la Doctrina de la Fe, dirigida a los Obispos de la Iglesia Católica "sobre la colaboración del hombre y la mujer en la Iglesia", publicada el 31/07/04.
Indignación porque, mientras todas las entidades y personalidades mundiales, comprometidas con la construcción de un mundo más solidario, humano y democrático, consideran fundamental tener en cuenta las contribuciones surgidas de los movimientos y de las mujeres feministas del mundo entero, la Iglesia Católica, institución religiosa, cuya comunidad de fieles está compuesta mayoritariamente por mujeres, muestra su lado misógino y su falta de interés en acoger las buenas contribuciones que vienen de ellas, divulgando una carta que condena sin argumentos serios las propuestas surgidas del feminismo.
Es triste y vergonzoso leer una carta surgida de una institución eclesial, que en algunos momentos de la historia ha dado una contribución valiosa y sabia para la humanidad, que muestra imprecisiones, ignorancia y falta de claridad sobre las propuestas del movimiento feminista.
En la carta, la Iglesia revela su falta de humildad cuando se autoproclama "experta en humanidad", actitud que refleja la creencia de que ella es la dueña de la verdad y de que tiene la última palabra sobre estos asuntos, "Porque el más pequeño entre todos ustedes, ese es el más grande" (Lc. 9,48).
Lo que se percibe es el deseo profundo de una Iglesia masculina que siente el derecho de decidir y escoger lo que las mujeres quieren o deben hacer de la vida, sobre todo cuando propone en la carta un modelo de mujer que tiene como misión "sacrificio, sufrimiento, pasividad y entrega a los otros", modelo éste que trajo consecuencias negativas para las mujeres cristianas, como muestran los estudios e investigaciones feministas, incluyendo las teologías feministas.
No podemos ignorar que el texto bíblico del Génesis por ellos utilizado es fruto de una redacción en la cual las mujeres no participaron, por eso podemos decir que el texto es fruto de una experiencia masculina. En la tradición bíblica cristiana no existe una única interpretación, existen interpretaciones sobre los textos bíblicos. Por lo tanto, las interpretaciones utilizadas en la carta sobre los valores atribuidos al sexo femenino, como la solidaridad, la calidez, la sensibilidad son unilaterales, ya que tales valores son propios de toda la humanidad. Lo que reivindica el feminismo es que también los hombres contribuyen al mundo con estos valores.
Si la actitud de la Iglesia fuese la de "Escuchar Los Signos de Los Tiempos", como el principio evangélico sugiere, ella acogería las contribuciones que el feminismo ha traído tanto para las mujeres como para los hombres; porque si una parte de la humanidad es negada, excluida, maltratada, toda la humanidad estará siendo afectada. Por eso lo que, en última instancia, las mujeres buscan y la Iglesia no tiene voluntad de entender, es la creación de nuevas relaciones entre los seres humanos, donde nadie sea excluido/a, ni las diferencias sean motivo de desigualdades. No se trata de "lucha entre los sexos", sino de que se haga justicia a las mujeres; los hombres no son "enemigos que hay que vencer", sino que están invitados a recrear juntos el mundo en que vivimos.
La Iglesia revela su falta de interés al desconocer las contribuciones que el feminismo ha traído para las religiones, porque al mismo tiempo que el feminismo descubre las responsabilidades de la religiones en la situación de subordinación de las mujeres, también muestra las contribuciones positivas que las religiones han traído para la vida de las mujeres. Una teología que incorpore las experiencias de las mujeres, como están proponiendo las teólogas feministas, no es muy bienvenida por los hombres del Vaticano. Las mujeres de iglesia quieren mucho más que continuar reproduciendo un discurso que perpetúe y justifique religiosamente la subordinación de las mujeres. Como ciudadanas de fe quieren contribuir a la liberación de las mujeres y esto la carta no lo tiene en cuenta.
Si la Iglesia fuera más humilde, escucharía "Las Voces de Los Tiempos" de mujeres católicas que en el mundo entero quieren ver reconocidos los derechos que tienen como bautizadas y confirmadas dentro de la Iglesia.
Estos derechos ellas los conquistaron en el mundo entero cuando, con su trabajo diario, mantienen vivas muchas de las comunidades cristianas.
Si la Iglesia tuviese interés en leer "Los Signos de Los Tiempos" entendería que la diversidad familiar existe a través de la historia humana y bíblica, como cuando encontramos en los evangelios un Jesús que rompe las tradiciones y escoge otro modelo familiar, al señalar a los discípulos como una nueva familia (Mc 3,31) o al escoger como familia a Lázaro, Marta y María, un hermano soltero viviendo con dos hermanas solteras. Al contrario de lo que la Iglesia predica, la estructura familiar no es establecida por la naturaleza, sino que refleja la cultura y la economía en la cual está inserta. Entendería que la relación esponsal entre Dios y la Iglesia no es el único modelo de amor, ni la única forma válida de amor. En la propia Biblia encontramos otros modelos de amor de Dios: En el Cantar de los cantares, en la parábola del buen pastor, en el amor de María Magdalena por Jesús, en el amor de Jesús por su discípulo amado, etc.
Si la Iglesia tuviera interés y quisiera escuchar "El Clamor de Los Tiempos", abriría su corazón y abrazaría lo que los feminismos están anunciando: "Un nuevo cielo, una nueva tierra, donde hombres y mujeres de todas las razas, de todos los colores, de todas las orientaciones sexuales, de todas las generaciones, tengan igualdad de condiciones". Y así se cumpliría lo proclamado por María en el Magnificat: "Arruinó a los soberbios con sus maquinaciones, sacó a los poderosos de sus tronos y puso en su lugar a los humildes ..." ( Lc 1, 51-52).
Las mujeres aún seguimos esperando una palabra de denuncia y solidaridad de la Iglesia sobre los siglos de discriminación y exclusión que sufrimos, tanto en la sociedad como en la Iglesia.
Aún seguimos esperando una voz de compromiso y denuncia de la Iglesia de los altos índices de violencia sufrido por las mujeres. Aún seguimos esperando una palabra pública de solidaridad y contención para las muchas religiosas que en el mundo entero sufrieron abuso sexual por parte de Padres, como así informó el National Catholic Report, el 16 de marzo de 2001. Aún seguimos esperando una actitud de compromiso y justicia con las mujeres, niñas, adolescentes que en el mundo entero han sufrido abuso sexual por parte de Padres. Aún seguimos esperando que lean Los Signos de Los Tiempos!!!!!!
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