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Leni Marin es Directora del Fondo de Prevención de la Violencia en la Familia (FVPF en inglés) dónde ha trabajado durante veinte años. El FVPF es una organización norteamericana con sede en San Francisco, California que trabaja para prevenir la violencia doméstica a través de estrategias de amplia base en educación y medios de comunicación, movilización de políticas públicas y formación de personal de servicio. Marin también dirige el Proyecto de Derechos de Mujeres Refugiadas e Inmigrantes Golpeadas (Battered Immigrant and Refugee Women's Rights Project) en el FVPF.
Siendo una activista de larga trayectoria en la lucha por los derechos democráticos en su país de origen, Filipinas, Marin se centra en la actualidad en los derechos de las mujeres inmigrantes y refugiadas que han sido atacadas. Para mayor información sobre el trabajo de FVPF, visitad su sitio web.
WHRnet: ¿Cómo y cuándo te implicaste por primera vez en el activismo social y político?
Leni Marin: Me gusta empezar esta entrevista por el cómo me convertí en una activista en este área, porque mi experiencia personal y mi trabajo están íntimamente unidos. Veo el trabajo que realizo como la intersección de lo personal y lo político.
Lo que más me influyó fue lo que sucedió en la guerra de Vietnam y las bases militares de EEUU que estaban situadas en Filipinas. Fue entonces cuando empecé a entender que no era exactamente la presencia económica y cultural de EEUU el problema, sino el papel militar que jugaban al matar a gente. Fue la forma más clara de violencia.
Después, Marcos llegó al poder. Fui a manifestaciones en contra de su régimen, pero no fui más allá. Estaba luchando por intentar definir mi identidad personal como mujer. Sentía que las opciones que la sociedad me ofrecía eran muy limitadas. Podía ser o esposa o solterona. Sabía que no quería ninguna de estas dos opciones y empecé a explorar otros ángulos. Me atraían las mujeres pero no había ninguna con quien hablar de ello. Así que me distancié. Vine a los EEUU y fui a clases en la Universidad de New York e intenté olvidar Filipinas. Mis amigos eran la mayor parte de la comunidad blanca judia. Pero mis amigos de Filipinas empezaron a escribirme y preguntarme si podía ayudarles.
En los Estados Unidos, descubrí rápidamente lo que significa el racismo. No lo sabía antes porque en mi país yo pertenecía a un grupo privilegiado que practica una cierta forma de intolerancia. Aquí, en los EEUU lo experimenté en su totalidad. Aprendí acerca de la historia del racismo en este país. Fui a la biblioteca y estudié sobre ello. No supe hasta entonces que el primer grupo de filipinos en los EEUU a principios del siglo XX fueron enviados a las fábricas de conserva de Alaska y a los campos de cultivo de California, que fueron alojados en bunkers en condiciones infra-humanas y que había leyes segregacionistas que prohibían el matrimonio mixto con filipinos. Vi fotos y carteles diciendo “No se permite la entrada a filipinos”.
Así que decidí convertirme en activista. Esto fue a principios de los 70. Decidí abandonar la Universidad porque se convirtió en algo irrelevante. Me reuní con otros filipinos de mi Escuela y me incorporé a una organización comprometida en el activismo por los derechos humanos en Filipinas. Me encontré a activistas de varias procedencias y aprendí, por ejemplo, sobre la situación en Puerto Rico. Mi entrada en el activismo fue el área de los derechos humanos. En esta época el movimiento de los derechos humanos en Filipinas no se ocupaba en absoluto de la violencia contra las mujeres o cualquier otro tema sobre mujeres.
WHRnet: ¿Cuándo te implicaste en el Movimiento Feminista y particularmente en el área de la violencia contra las mujeres?
Leni Marin: Mi conexión con el movimiento feminista se desarrolló a través de mi interés por los derechos reproductivos y los derechos de las lesbianas. No veía la violencia contra las mujeres como una categoría en sí misma. El tema era la liberación de las mujeres, la libertad de elegir tu sexualidad, la libertad para abortar. Había dos temas que me conectaron con el movimiento feminista. Pero sentía una cierta tensión a causa del racismo. Nos sentíamos marginadas en la corriente del movimiento feminista y no teníamos una voz para transmitir nuestras preocupaciones. Esto no ha cambiado todavía. Todavía sentimos que las mujeres blancas nos dominan, incluso aunque esto ocurra de manera inconsciente.
Necesitaba un trabajo, y sabía que quería un trabajo en el campo de las mujeres. Oí que el Fondo para la Prevención de la Violencia en la Familia tenía una vacante y solicité el puesto. Y allí fue cuando empecé a entender qué es la violencia doméstica. Hasta entonces, creía en todos los mitos populares. Esto de que la mujer permanece en una relación abusiva porque quiere y no quiere hacer nada por impedirlo. Llegué a este área accidentalmente y eventualmente empecé a ver su prevalencia en la comunidad filipina. Pero, durante un tiempo pensé que aunque era mi trabajo, me negaba a pensar que esto sucediera en mi comunidad.
Mi activismo estaba centrado en los derechos humanos, en el sentido más estrecho de la palabra. El régimen de Marcos todavía no había llegado a su fin, así que todavía estaba trabajando activamente contra ello. También era una activista contra los regímenes dictatoriales de El Salvador y Nicaragua. E incluso fui al Salvador por mi interés acerca de los derechos humanos de la gente del Salvador y la política intervencionista de EEUU. En el Fondo para la Prevención de la Violencia, trabajé sobre violencia, pero el trabajo era sobre todo administrativo. Después, ocurrió un incidente en San Francisco en 1985, en el que un hombre filipino fue a una oficina del “downtown” donde su mujer estaba trabajando, y en medio del bullicio laboral, la disparó. Disparó sobre otras cuatro personas, y después fue abatido por la policía. Resulta que este hombre se sentía molesto porque su mujer tenía mejor salario que él. Había sido contable o abogado en Filipinas, pero después terminó en guarda de seguridad. A causa del racismo, su cualificación profesional no había sido reconocida. Su mujer era una secretaria ejecutiva, y él se sentía molesto y pensaba que su mujer le estaba engañando.
Esto me afectó profundamente. La naturaleza de esta violencia me impactó. Contacté con otras mujeres asiáticas, algunas de ellas que trabajaban en un refugio. A través de ellas, entré en el campo de la violencia doméstica y tomé conciencia de su dimensión completa – la violencia extrema. Para mí, era como la guerra de Vietnam otra vez, el mismo tipo de muertes inútiles. Vi la conexión claramente. Incluso hicimos un T-shirt en mi oficina que decía: “La guerra empieza en casa”
WHRnet: ¿Cuál es tu opinión sobre los esfuerzos para definir la violencia contra las mujeres como un tema de derechos humanos?
Leni Marin: El marco de “los derechos de las mujeres son derechos humanos” tiene mucho sentido para mí, porque están muy relacionados. Pero necesitamos hacer esta conexión de forma explícita. Las mujeres siempre han sido tomadas en poca consideración, y la violencia específica de género ha sido ignorada. La violencia doméstica es la menos reconocida y una de las más letales formas de violencia de género.
Al principio, me centré sólo en la violencia doméstica, pero después empecé a conectarla con otras formas de violencia, incluyendo la violencia económica. Creo que los derechos de las mujeres en el marco de los derechos humanos representan un nivel de maduración de todas estas luchas y experiencias que he mencionado. Es ver todos estos temas en una perspectiva más amplia. Hasta ahora, el concepto de derechos humanos ha sido dominado por una interpretación masculina que es muy estrecha. Hoy estamos diciendo que vamos a reinterpretar los derechos humanos para nosotras.
Veo la lucha de los derechos de las mujeres como derechos humanos como una auto-identificación de las mujeres en el campo de los derechos humanos. Vamos a decir quienes somos. Vamos a expresar las violaciones que sufrimos en nuestros propios términos. Esta es la razón por la que pienso que los derechos de las mujeres en el movimiento de los derechos humanos es tan significativa. No es simplemente un cuestión de cruce fértil de actvismos. Si no hacemos esto ahora, será un detrimento para el avance de tanto los derechos de las mujeres como el de los movimientos de derechos humanos. Ambos necesitan ampliar sus miras.
En este sentido, mi participación en el Women's Global Leadership Institute del Center for Women's Global Leadership en 1992 fue muy valiosa para mí. Me dio una nueva visión y una fuerte perspectiva que se relacionaba directamente con mi trabajo. El Instituto me permitió afirmarme en mis razones para interactuar con varios movimientos diferentes y hablé acerca del: movimiento anti-racista, el movimiento pacifista, la lucha por la democracia en Filipinas, el movimiento para los derechos de los gay y las lesbianas, el movimiento para los derechos de las mujeres, el movimiento contra la violencia doméstica. Validó las razones por las que había elegido ser activista en todos aquellos movimientos en diferentes coyunturas.
WHRnet: ¿Cuáles consideras que son los grandes obstáculos en tu trabajo en estos momentos?
Leni Marin: El mayor obstáculo para mi trabajo es el racismo, el hecho de que estemos tan divididas, consciente o inconscientemente, por cuestiones de raza en EEUU. Este es un racismo institucionalizado y ha fragmentado y debilitado realmente el movimiento de las mujeres y marginado a las comunidades de color. Pero nuestra tarea no está en desaprender el racismo; está en enfrentarnos a las estructuras que promocionan el racismo y la ideología del racismo. Muchos grupos de mujeres no ven que esto sea esencial y no lo integran en su trabajo.
En California, en las zonas donde las comunidades de color están creciendo, los grupos de mujeres no tienen otra elección que enfrentarse a la raza, porque esta es la comunidad en la que están sirviendo. Y todavía, algunas veces se arrepienten de hacerlo. Esta es la razón por la que he escogido concentrar mis energías en los derechos de los inmigrantes y refugiados. ¿Cómo podemos hacer que el movimiento feminista entienda que estamos divididas por el racismo? Empoderar a los inmigrantes y a las mujeres refugiadas para que puedan hacer oir su voz, es uno de los caminos que veo.
Otro obstáculo es la trampa de las lesbianas que todavía continúa. Es el privilegio de las mujeres heterosexuales el que está amenazado, y la idea de que las lesbianas en el movimiento deberían ser invisibles. En San Francisco, el movimiento de gays y lesbianas ha conseguido suficientes logros para que la comunidad sea capaz de participar en la planificación de lo que sucede en la ciudad. Somos considerados jugadores principales en la mesa. Así que donde vivo, no siento que ser lesbiana es una barrera. Pero en muchos otros sitios, cuando dices que eres lesbiana, tu credibilidad como lider baja cinco puntos.
Mi principal soporte viene de parte de la gente que ha ampliado su perspectiva ellos mismos y no se han estancado en temas aislados. La perspectiva del tema único es muy fuerte en esta ciudad porque hay una fuerte huella del individualismo. Veo como aliadas a aquellas personas que pueden cruzar sobre otros temas que no están directamente relacionados al tema en el que se están centrando. Por ejemplo, en el área de los derechos de los inmigrantes y de los refugiados, son los derechos humanos los que se violan.
¿Cómo podemos trabajar más efectivamente por los derechos humanos de los inmigrantes y refugiados en este país? Hablamos de violencia doméstica, pero también necesitamos incorporar otros problemas de derechos humanos, tales como los derechos económicos, el derecho a elegir una alternativa de vida, el derecho a la representación, y el derecho a no ser re-enviados como si fueran ganado. Son todas estas cuestiones juntas las que hacen que los derechos de las mujeres en el marco de los derechos humanos sea un aspecto muy valioso.
Hay mucho trabajo que necesita hacerse en este país, especialmente como mujer de color. Tenemos una oportunidad tremenda de traer este concepto a los derechos de las mujeres como derechos humanos en el terreno de las mujeres, algo que no se ha comprendido del todo en este país. Es muy alentador ver a grupos que están hablando de los derechos reproductivos como derechos humanos, pero este trabajo está sólo en el inicio. Y lo más importante, con este marco, podemos tener una fuerte coalición de activistas por las mujeres, los derechos humanos y los derechos civiles que son conscientes de la constante necesidad de tener una perspectiva anti-racista.
Fuente: Basada en una entrevista originalmente realizada por Diane Valle para el Center for Women’s Global Leadership en 1992 y publicada en el Para más información sobre ésta y otras publicaciones visitar: Global Center Publications page.

