Diana M. Gutiérrez Londoño
Diana M. Gutiérrez Londoño es abogada feminista y Integrante Activa de la Ruta Pacífica de las Mujeres Colombianas. Ha trabajado con varias organizaciones de mujeres comunitarias, no gubernamentales, populares.
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WHRnet: ¿Como colombiana que ha vivido en un país con más de 40 años de guerra, como imaginas la construcción de la paz para tu pueblo?
Diana M. Gutiérrez Londoño: Creo que es necesario democratizar la sociedad y el estado Colombiano. Para mí la paz no es el silencio de los fusiles. No podemos aspirar a que un conflicto tan complejo que ha llevado tanto tiempo en desarrollo y de intereses tan diversos, se solucione de la noche a la mañana.
Es por ello que desde el movimiento de mujeres en Colombia, realizamos en noviembre del 2002, la “Constituyente Emancipatoria de Mujeres, Nuestro Pacto por la Paz”. Con la presencia de más de 300 mujeres representantes de 270 organizaciones de distintas visiones políticas, de diversas condiciones sociales, étnicas y culturales diseñamos una Agenda de Paz. Esta Agenda es un instrumento que constituye un camino a seguir desde las mujeres en los temas de paz, economía, política, derechos humanos, cultura, territorialidad, definido en dos tiempos de interlocución: la prenegociación y la negociación del conflicto armado colombiano.
La construcción de la paz en Colombia será un proceso con diversas estrategias, fases, actores, pero necesariamente tendrá que pasar por una solución política negociada en la que participemos todos los sectores sociales, políticos, económicos, culturales, étnicos, y las mujeres de manera paritaria, para comenzar a construir un país, un Estado Social y Democrático de Derecho, tal y como lo plasmamos en la Constitución de 1991.
Está demostrado que procesos de negociación entre élites de ejércitos patriarcales, de cúpulas políticas, al margen de la voz, las propuestas y las decisiones de la sociedad civil, no tendrá éxito en la superación de este conflicto. La estrategia de la guerra y la violencia, el único método ensayado hasta ahora de manera coherente ha degradado mucho más el conflicto armado y a la población civil, víctima principal de la guerra y la violencia generalizada.
Frente a este camino, a esta construcción considero de gran importancia la propuesta elaborada en nuestra Constituyente Emancipatoria:
“...las mujeres en la prenegociación exigimos y trabajamos para que todos los actores del conflicto armado, legales e ilegales, cumplan las normas del Derecho Internacional Humanitario, respetando de manera específica a todas las mujeres sin distinción de etnia, credo, edad, orientación sexual, posición política, social, económica, ni de ninguna otra índole, teniendo presente las siguientes consideraciones:
- No involucrar a las mujeres, a los menores de edad, a los niños y niñas en el conflicto armado; prohibición del reclutamiento forzado.
- Reubicación de las guarniciones militares y sedes de organismos de seguridad del Estado en sitios donde no pongan en peligro la población civil.
- Desmilitarización total de la vida civil, en el campo, la ciudad, los territorios indígenas y de las comunidades afro descendientes.
- Medidas estatales de prevención, sanción y erradicación a las violaciones de los derechos humanos de las mujeres. Respeto a la integridad, libertad y dignidad humana de las mujeres, tanto por parte del Estado como de los actores del conflicto armado.
- Reconocimiento de facultades a las autoridades indígenas y autoridades estatales del orden local y regional para adelantar acuerdos humanitarios, conducentes a la protección de los derechos humanos y territoriales de las mujeres, donde las mujeres participen activa, directa y autónomamente.
- Realización de acuerdos humanitarios para el intercambio de personas retenidas y secuestradas.
- Prohibición del uso de armas no convencionales, de bombardeos indiscriminados y de toda arma de efectos indiscriminados.
- Respeto absoluto por parte de todos los actores armados del ámbito privado de las mujeres: no-invasión a sus viviendas, no-intervención en los conflictos familiares, ni comunitarios. Prohibición de la esclavitud doméstica y sexual de mujeres y niñas, no a la intervención de los actores armados en la vida afectiva de las mujeres.
- Respeto a los derechos sexuales y reproductivos de mujeres y niñas por pare de todos los actores armados.
- Prohibición de la utilización del cuerpo de mujeres y niñas como botín de guerra, NO al acoso, NO al abuso, NO a la violación NI a la esclavitud sexual de las mujeres por parte de todos los actores armados.”
WHRnet: ¿Porqué cree que todos los procesos de paz entre las partes involucradas en el conflicto armado han fallado?
Diana M. Gutiérrez Londoño: Son muchas las razones por las cuales han fallado los procesos dirigidos a la búsqueda de la paz.
- (a) La falta de una auténtica democracia, crea Estados y sociedades débiles, democráticamente excluyentes, autoritarios, intolerantes, arbitrarios; donde prima la violencia y la guerra como formas de imponer proyectos políticos colectivos e individuales, sean de derecha o de izquierda.
- (b) La existencia de una cultura que subordina y discrimina la diferencia, un sistema que excluye y margina la diversidad y le da un tratamiento de inferioridad; principalmente a la diferencia de sexo que atraviesa todas las dimensiones de clase, de etnia, de religión, de opinión política, etc. Es decir, una cultura que vulnera el principio de no-discriminación y con ello la dignidad humana. Una cultura patriarcal que somete, subordina y discrimina lo femenino, exacerbando una masculinidad basada en el ejercicio de la poder “sobre”, de la guerra y las violencias como afirmación de la identidad de los varones, evidenciada en la existencia de un conflicto armado de más de 40 años de existencia, dirigido por ejércitos de varones que se matan entre sí por el poder y en una alarmante violencia contra las mujeres en todos los ámbitos de la vida social.
- (c) La falta de convicciones radicalmente pacifistas, porque tanto en el Estado como en la Sociedad Civil y en la comunidad en general, se continúa valorando el uso de la fuerza, de la violencia, de la guerra como manera de resolver los conflictos. La utilización de vías legales e ilegales para la imposición de proyectos políticos, valida la guerra y la violencia, pues “el fin justifica los medios”.
- (d) El atraso que desde el punto de vista de político tienen los grupos, partidos y movimientos políticos frente a los avances en el mundo contemporáneo, de otras maneras de conseguir cambios en las sociedades, reivindicar derechos y transformar las relaciones entre las personas. La creencia arcaica de que sólo transformado estructuras políticas y económicas se puede conseguir la paz, sin tener en cuenta las necesarias transformaciones que hay realizar en la vida de los individuos, en sus mentalidades, en sus relaciones más cotidianas etc., es decir, las perversas dicotomías entre lo público y lo privado, lo personal y lo político, etc.
Todos estos son elementos que impiden procesos de negociación serios, con voluntades políticas reales de construir paz, abandonando privilegios económicos, políticos y personales, democratizando no sólo el poder y la política, sino sobre todo la sociedad, la economía, los recursos, las relaciones personales, la educación, la salud, la tenencia de la tierra, ello va más allá de silenciar fusiles.
WHRnet: ¿Qué repercusiones ha tenido la guerra en el aumento de la violencia de género cotidiana contra las mujeres?
Diana M. Gutiérrez Londoño: Yo quisiera ilustrar esta respuesta, haciendo referencia al reciente informe presentado por la Relatora Especial sobre Violencia contra la Mujer de las Naciones Unidas, Sra. Radhika Coomaraswamy, quien a raíz de la visita que hiciera a nuestro país, en noviembre del año pasado, demostró con testimonios ampliamente documentados, las consecuencias que el conflicto armado interno tiene para las mujeres, las características de esas violaciones en razón del género y las diversas formas de violencia que sufren las mujeres.
Para nosotras, no cabe duda que el constructo patriarcal de las guerras, exacerba y agudiza la violencia contra las mujeres, agravado por el silencio de la mayoría de la sociedad, de las autoridades civiles, militares y eclesiásticas frente a estos crímenes, y incluso de las organizaciones de derechos humanos. Esto se facilita por la existencia de una cultura que discrimina y subordina a las mujeres; y por obstáculos políticos, económicos, sociales, culturales y sobre todo, jurídicos.
La ciudad de Medellín se ha convertido en territorio en disputa por paramilitares y guerrilla, quienes han dirigido su estrategia militar hacia la ciudad y han desatado una guerra a muerte por el control económico, social y político de los sectores marginados de la ciudad.
En este contexto, poder acercarnos a la verdad de lo que está sucediendo es difícil en medio del conflicto, porque, además del miedo por posibles retaliaciones si se denuncia, existe en las mujeres una desconfianza creciente en los organismos estatales para denunciar. Las mujeres de los barrios saben de la complicidad por acción u omisión, en algunos casos, de la policía con paramilitares y/o con las bandas delincuenciales que han sido coptadas por ellos.
Las mujeres y las niñas, son víctimas de violaciones a sus derechos humanos, entre otras razones, por vivir en los territorios en disputa, por tener, o ser acusadas de tener, relaciones afectivas o familiares con alguno de los actores armados, por ser líderes comunitarias, pero fundamentalmente por su condición de mujeres.
Lo que nos muestran los distintos informes es que existe un incremento de las diferentes formas de violencia contra las mujeres por la agudización, urbanización y degradación del conflicto armado.
En su informe, la Relatora Especial de Naciones Unidas sobre la violencia contra la Mujer, Sra. RADHIkA COOMARASWAMY escuchó testimonios acerca de esclavitud sexual, mutilación sexual, desnudez forzosa, imposición de estrictos códigos en el vestido, abortos forzosos y anticoncepción forzosa, que constituyen todos delitos graves a efectos del derecho internacional y deben ser enjuiciados por la Unidad de Derechos Humanos en la Oficina del Fiscal General.
WHRnet: ¿Qué impacto nacional han tenido las luchas de las mujeres colombianas por la paz?
Diana M. Gutiérrez Londoño: Responder a esta pregunta tendrá un alto grado de subjetividad, porque habrá que hacer un estudio más riguroso para detectar el impacto.
Sin embargo, yo creo que en los últimos 5 años, se ha venido visibilizado la construcción de un importante Movimiento Social de Mujeres, ya no sólo en la reinvidicación de derechos para las mujeres, sino también presionando a través de gigantescas movilizaciones, interlocuciones políticas, construcción de agendas, realización de consensos y acuerdos con otros movimientos y con otros sectores sociales, reclamando paridad en los espacios de toma de decisiones, exigiendo la salida política negociada al conflicto armado, siendo cada vez más empoderadas, ejerciendo nuestros derechos de participación social y política.
Conformándonos como sociedad civil, autónoma, pluralista y democrática para participar en la construcción de paz y país, son muchos los eventos que lo demuestran, sin embargo, considero que los más recientes y significativos por el grado de consenso, de acuerdo y de compromisos políticos que alcanzaron, son la Movilización de más de 50.000 mujeres hacia la plaza de Bolivar, en la ciudad de Bogotá, el pasado 25 de julio y la Constituyente Emancipatoria de Mujeres, Pacto por la Paz, noviembre 2002, donde construimos nuestra propia agenda para la construcción de la paz.
WHRnet: ¿Existen iniciativas de las mujeres colombianas para crear enlaces con otras mujeres del mundo para ayudar a construir la paz?
Diana M. Gutiérrez Londoño: Las iniciativas de mujeres por la paz en mi país son muchas. Sin embargo, creo que desde dos iniciativas que conozco de manera más cercana hay voluntad e intencionalidad política de concretar propuestas con otras mujeres del mundo hacia este objetivo. Se trata de la Ruta Pacífica de las Mujeres por la Resolución Negociada del Conflicto Armado y de la Organización femenina Popular, quienes impulsan, en coordinación con otras, el Movimiento de Mujeres de Negro Contra la Guerra en nuestro país, unido a la Red Internacional de Mujeres de Negro contra la Guerra y que participaron tanto de la Marcha de Mujeres Contra la Guerra del 25 de Julio como de la Constituyente Emancipatoria de Mujeres.
Yo creo que otras también pueden tener enlaces, voluntad, corazón, razón y emoción para crear sororidades, tejer cometas que hagan volar nuestros sueños de mujeres planetarias en busca de la paz con justicia social y de género, no solo para Colombia sino para el mundo entero.

