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Universidad del Valle
Instituto de Investigación y Desarrollo en Agua Potable,
Saneamiento Básico y Conservación del
Recurso Hídrico - Cinara
MUJERES GESTORAS DE LO PÚBLICO
UNA
EXPERIENCIA PARTICIPATIVA EN GÉNERO Y AGUA EN EL HORMIGUERO, COLOMBIA
Mariela
García V.
Sandra Bastidas F.
Sesión sobre Género
y Agua
Tercer Foro Mundial del Agua
Kioto, Japón
En reconocimiento a:
Nelly
Bertha
Edilma
María Elena
Nelsy
Graciela
Celmira
Nancy
Aura Emma (q.e.p.d)
Lilia
Carmelina
Chava (q.e.p.d)
Julia María
Ana
Esneda (q.e.p.d)
Trinidad
Teresa
Madenelly (q.e.p.d)
Marlene
Ligia
Pérsides (q.e.p.d)
Yenny
y
muchas otras mujeres cuyo recuerdo se pierde en el tiempo, pero cuyo trabajo se
refleja en El Hormiguero de hoy
MUJERES GESTORAS DE LO PÚBLICO
UNA
EXPERIENCIA PARTICIPATIVA EN GÉNERO Y AGUA EN EL HORMIGUERO, COLOMBIA
Mariela García V. [1]
Sandra Bastidas F.
[2]
“
Cuando yo llegué a El Hormiguero en el año 1962 no había energía, no había servicio
de agua, las calles eran un lodazal, nos alumbrábamos con vela, había que ir a
recoger agua al río para el consumo e ir a lavar la ropa al río. Además no
existía ninguna organización de la comunidad, solamente unas monjitas
voluntarias hablaban de Acción Comunal y citaban a unas reuniones en la capilla
en las cuales repartían fríjoles para que la comunidad asistiera. Iban algunas
mujeres, muy pocos hombres”
Nelsy Labrada
y Hernando Caicedo
Las dinámicas participativas de construcción y defensa del interés
colectivo que se desarrollan en los proyectos de agua están profundamente
influenciadas por las relaciones de género. Es el caso de El Hormiguero, zona rural de
Santiago de Cali[3],
Colombia, en el cual se evidencia el papel de las
mujeres en la construcción de los espacios públicos y la incidencia de la
ejecución de un proyecto participativo en abastecimiento de agua en el
mejoramiento del balance entre hombres y
mujeres en cuanto a asumir las responsabilidades frente a lo público.
La Alianza de Género y Agua, GWA
(sigla en Inglés), una organización que agrupa
más de 130 instituciones y
personas de diferentes partes del mundo interesadas en promover la aplicación transversal del enfoque de género en la
gestión integrada de los recursos hídricos, ha considerado pertinente
documentar este caso porque puede ayudar a entender la importancia de incluir
el enfoque de género en los proyectos de agua y saneamiento.
El
corregimiento[4]
El Hormiguero está localizado a 15 minutos del casco urbano de Santiago de Cali
(Figura 1), por carretera pavimentada. Limita al norte, occidente y oriente con
haciendas agrícolas que cultivan caña de azúcar
y al sur con el río Cauca. Presenta una topografía plana, una altitud de
900 metros sobre el nivel de mar, un clima cálido con una temperatura media de
28 °C. Este corregimiento territorialmente está conformado por tres veredas: La
Pailita, Cauca Seco y Cascajal y por dos sectores denominados la Cabecera y
Pízamos. Las veredas y los sectores son contiguos, de fácil acceso por medio de
vías carreteables en buen estado, exceptuando la vía que conduce a la vereda la
Pailita. El acueducto cubre, además de la cabecera del corregimiento, Pízamos,
Cauca Seco y un sector de invasión denominado El Oasis.


Figura 1. Ubicación
de Colombia en Sur América y de El Hormiguero en Colombia
El Hormiguero se forma en las primeras décadas del Siglo XX a partir del
asentamiento de 30 familias en la zona. Esas familias provenían del
departamento del Cauca y específicamente de los alrededores de Puerto Tejada,
Guachené, Santander, pueblos de zona andina, cercanos a Cali; de Timbiquí y
Guapi, situados en el litoral del Pacífico. A ellas les atrajo este lugar por
la posibilidad de extraer arena y balastro del río. Pues buena parte de esas
familias habían estado ligadas al agua mediante la extracción de oro de los
ríos en sus lugares de origen.
En la zona
existen aproximadamente 990 viviendas en las cuales habita un promedio de 7 personas por vivienda, o sea que se estima
una población de 6.930 habitantes. Esta población es principalmente
afrocolombiana. A pesar de su proximidad geográfica a la ciudad de Cali, su
cultura conserva rasgos de las tradiciones y costumbres de la región de Costa
Pacífica[5],
hábitos alimenticios, la celebración de la fiesta de la virgen de la Inmaculada
Concepción[6],
la importancia de la tradición oral, la tendencia a conformar familias
extensas; a compartir la crianza de los hijos a partir de lazos de parentesco y
compadrazgo.
Para devengar el sustento los hombres
fundamentalmente trabajan en la extracción de arena del río Cauca, el jornaleo
en haciendas de explotación agrícola y las mujeres se han vinculado a la
recolección de cultivo de ají, riego de caña de azúcar, servicio doméstico en
casas de Cali y atención de ventas ambulantes. Desde el año 2001, sesenta
personas (hombres y mujeres) de la comunidad se desempeñan como obreros(as) en
la Empresa Papeles del Cauca SA.
La
explotación de arena se ejecuta en dos modalidades: La primera es la forma
artesanal basada en el esfuerzo físico de los hombres quienes se sumergen en el
río para extraer la arena; estos trabajadores se transportan en canoas de madera,
algunas con motor fuera de borda, manipulada por su propietario. La segunda
forma utiliza energía mecánica mediante
una draga que succiona la arena del fondo del río y es realizada por personas
que no habitan en la comunidad.
Durante el verano, cuando baja
el nivel del río, es posible que un arenero artesanal obtenga ingresos promedio
mensual de $720.000[7]
(US$257)[8].
En la época de lluvias al subir el nivel, se dificulta la extracción de manera
manual disminuyendo los ingresos a un promedio de $300.000 (US$107) mensuales.
En esta época el arenero se vincula a actividades agrícolas mientras las
condiciones del río mejoran.
La
actividad económica denominada
“jornaleo” (porque es una jornada de un día de trabajo en el campo) se paga
inmediatamente termina la labor a un monto ligeramente superior al salario
mínimo. Esta actividad se realiza en las haciendas de cultivos de caña de
azúcar. Los “oficios domésticos” se realizan por fuera de la localidad, a
$10.000 pesos (US$3,5) el día.
Son
escasas las actividades comerciales, debido al bajo nivel adquisitivo de la
población y por su cercanía a Cali; existen pocas tiendas que venden productos
alimenticios y bebidas. Para acceder a productos de consumo masivo y otros
alimentos los pobladores se dirigen a Puerto Tejada (situada a 5 Km) o a Cali.
La
concepción de riqueza está dada por la posesión de tierras, de un banco de
arena, de un negocio de un tamaño considerable (tienda, estadero, bar,
restaurante, etc.) o de un vínculo laboral estable. Se plantea que sólo un 20%
de las familias se encuentran en un nivel económico estable, el resto son
familias del “rebusque”[9] como
ellas se denominan.
En Colombia, como en la mayoría de los países del
mundo, existe una tradición de dominio del
espacio público por parte de los hombres y en la mayoría de nuestras
localidades los cargos públicos son ejercidos por hombres; ellos además
controlan los partidos políticos, la plaza pública, los cafés, la calle, es decir
se han apoderado de los espacios considerados como públicos por las sociedades
modernas.
Además los hombres han ingresado fácilmente en los espacios públicos agenciados por el Estado porque es a
ellos a quienes fundamentalmente se dirigen las consultas institucionales
orientadas a la ejecución de proyectos. Buena parte de nuestros lideres
comunitarios formales son hombres y nuestra sociedad patriarcal generalmente
considera a los hombres como proveedores del
sustento de la mujer y de los hijos, desconociendo la situación de numerosas
mujeres cabezas de hogar.
Lo que demuestra el caso de El
Hormiguero es que cuando los hombres han dominado los espacios de
representación formal como la Junta de Acción Comunal[10]
y los cargos de la Junta Administradora Local[11]
los han ejercido sin mayores realizaciones pero sí con un marcado interés por
los puestos directivos y el control de las decisiones. Sin embargo, ha sido la
fuerza de las mujeres la que ha impulsado buena parte de las obras de interés
común. La gran mayoría de los hombres se concentran en sus trabajos y su vida
privada, desentendiéndose de lo
relacionado con el interés colectivo. Son las mujeres quienes han
desarrollado una labor admirable en
favor del interés colectivo a partir de tansformar las tareas que dominan su
cotidianidad en espacios de encuentro y organización. El trabajo por los
intereses colectivos empieza en El Hormiguero cuando algunas mujeres deciden
unirse para barrer calles de la localidad y mejorar la estética del entorno.
Las mujeres comentan que la comunidad era
apática y reacia al trabajo colectivo. La gente arrojaba o amontonaba la basura
en las calles polvorientas, de manera que preocupadas por el aspecto de la
comunidad, un grupo de mujeres lideradas por Nelly Guapacha, “empezó a ir a Cascajal a cortar la escoba de rama y luego
usando palos armaban escobas amarrándolas con cabuya”, con esas escobas barrían las calles, al principio las tuvo
que acompañar la Inspectora local para que la gente colaborara pues algunas
mujeres se “enojaban cuando llegaban a barrer el
frente de su casa porque sentían que queríamos decir que ellas no barrían, pero nosotras queríamos
era ver El Hormiguero limpio”.
Quemaban la basuras y luego recomendaron hacer huecos en los patios para que en
cada casa enterraran la basura. “Ahora usted puede
ver que desde las seis de la mañana está la gente barriendo la calle, ya no se
ve suciedad. Todo el mundo sale con su escoba a barrer, hay flores en la
entrada de las casas y las mujeres que antes andaban sucias y descuidadas ahora
se preocupan por su presentación personal”.
En esa forma unas cincuenta mujeres empezaron a reunirse en
las tardes o en la noche para realizar esta tarea y decidieron crear un Comité
Femenino. “El objetivo era poder ayudarnos, poder
compartir, de pronto había algunas que no hablaban mucho, otras más alegres. En
el Comité una comentaba todas las necesidades que tenía, hablábamos entre todas
a ver como podíamos solucionar las cosas, así todas reunidas la una ponía una
idea, la otra, otra, hasta que salía una buena idea a flote, entonces
esa era la que hacíamos. La mujer siente más la necesidad que el hombre porque
si en la casa hace falta un plato, a los hombres no les interesa, ellos solo se
preocupan porque les sirvan su comida. En cambio una dice me falta un plato,
hay que conseguir ese plato y briega hasta que consigue el plato”.
De las cincuenta mujeres, fueron
mermando hasta quedar 25 o 30, “las de
mayor caparazón” o sea las de mayor capacidad de aguante a
las críticas que siempre reciben quienes hacen trabajo comunitario. El Comité
Femenino empezó a presentar proyectos y es así como lograron el apoyo de Plan
Internacional[12]
para construir un aula en la escuela Antonio Villavicencio, Plan les dio el dinero y el Comité lo
administró. “La Secretaría de Educación
paró la obra porque no querían que la
comunidad administrara los recursos sino que se los entregaran a ellos”.
También con el apoyo de Plan promovieron mejoramiento de las viviendas
entregando teja y ladrillo.
El Comité Femenino realizaba
cada 8 de diciembre las fiestas de la Virgen y organizaba reinados con
participación de las veredas del Corregimiento. Además, por la gestión de este
Comité lograron que el servicio de transporte público llegara hasta la
comunidad y antes de que las Empresas Municipales de Cali les instalara el
servicio de teléfono en las viviendas, consiguieron un radio teléfono para que
la comunidad no estuviera aislada. El trabajo colectivo en El Hormiguero
lo han promovido más las mujeres porque según ellas ”los hombres sacan el pretexto de que porque trabajan en la arena no
tienen tiempo para ir a reuniones y a otros no les gusta colaborar o tienen
pereza”.
Aunque las mujeres integrantes
del Comité Femenino continuaron trabajando por la comunidad, el Comité cambió
su nombre a Comité Social cuando algunos hombres manifestaron su interés de
unírseles al trabajo.”A raiz de una
fiesta de la Virgen en la que algunos hombres entraron a colaborar cortando
guadua para armar las canoas, empezaron a vincularse hombres como Jeremías,
Miguel Angel, Georges, etc”. El Comité Social construyó el restaurante para
los niños con el apoyo de un político y organizó torneos de football.
Posteriormente las mujeres se
plantearon ingresar a las organizaciones formales como la Junta de Acción
Comunal[13]
y postularon a Nelly Guapacha quien se inició como secretaria de la Junta. Ella
ha sido Presidenta en varios períodos y actualmente también es presidenta de la
Junta Administradora Local[14]
que representa la cabecera y las veredas.
Sobre esta nueva situación Nelly comenta: ”Pensamos que si yo estaba en la Junta Comunal podríamos tener más
apoyo y entonces nos fuimos metiendo. En ese tiempo la Junta Comunal estaba en
manos de hombres pero se había perdido la bandera de la comunidad, los libros
de la Junta se los había llevado el río, llegaron materiales para construir
los camerinos de la cancha de football
pero se envolataron, se vio que llegó
cemento pero no volvió a aparecer, llegaron los inodoros pero no aparecieron”.
O sea que los hombres demostraron poca capacidad de gestión y ejecución.
Pero el ingreso de las mujeres a
la Junta de Acción Comunal marcó un nuevo estilo de dirección; Nelly comenta
que ”anteriormente la poca plata que
llegaba se la repartían tanto para Cauca Viejo, tanto para Cascajal, tanto para
el Hormiguero, entonces decidimos ponernos de acuerdo y mirar donde era más
necesaria la obra”. Decidieron pavimentar la cabecera y después de muchas
discusiones acordaron que lo harían de adentro hacia fuera porque corrían el
riesgo de no llegar hasta el fondo de la comunidad si empezaban en sentido
contrario.
El acceso a los organismos de
representación formal ha facilitado algunos logros, Nelly comenta: “En otro tiempo los teléfonos se veían como
algo tan imposible y llegó el momento en que empezamos a mandar carticas,
primero fue con el Comité Social y pedíamos que si era posible que nos
colocaran teléfono y no nos pararon bolas, luego hicimos la solicitud a nombre
de la Junta Comunal y llegaron los teléfonos”. Ahora cuentan
también con servicio de energía prestado por Emcali y servicio de recolección de residuos sólidos
una vez a la semana.
En el
presente, para la educación de los niños y adolescentes El Hormiguero dispone
de 2 Guarderías Infantiles, 1 Hogar Juvenil Campesino donde existe primaria
agrícola y 3 colegios que tienen
estudios de primaria y bachillerato[15]. El
colegio El Pantano de Vargas este año ya
logró abrir el grado 11 y el Antonio
Villavicencio el grado 9. El Colegio La Asunción, que es el más antiguo, ya ha
graduado cuatro promociones de bachilleres. Este colegio, que fue el primero
que se estableció en la comunidad, surgió porque “las mamás
tenían que mandar sus hijos a Cali, Puerto Tejada o Jamundí y entonces por la
problemática de seguridad y los costos del transporte se pidió en el Plan de
Desarrollo que El Hormiguero tuviera un colegio que pudiera agrupar las
necesidades de la comunidad y la Hermana Rosa Amalia Renjifo (quien trabaja en
la comunidad desde la década del 80) fue sumando y comenzó a trabajar con nosotros apoyando
esa idea de la comunidad”.
Actualmente con el apoyo de una ONG han sacado adelante un programa de
educación de adultos que ya también ha graduado cuatro promociones de
bachilleres. Además tienen un canal local de televisión que
obtuvieron como regalía por el paso del gasoducto
por la comunidad pues “el alcalde y los concejales aprobaron
que se construyera ese gasoducto sin contar con la comunidad”, de
manera que ellos pelearon para ser reconocidos con capacidad de decisión en su
territorio y adquirieron como regalía la dotación del canal local de
televisión.
Existen 2
centros de salud, uno en Cascajal y otro en la cabecera que son atendidos por sendas enfermeras, quienes son
jóvenes de la comunidad formadas en este campo; hay atención médica diaria en
la cabecera y dos veces a la semana en la vereda. En Cauca Viejo tienen una
promotora de salud. De acuerdo al registro de consulta las principales
enfermedades reportadas son la artritis, los problemas cardiacos, la hipertensión
arterial y las infecciones respiratorias.
Actualmente con recursos de la
administración municipal se adelanta La construcción del sistema de
alcantarillado sin arrastre de sólidos -ASAS-
que se inició en Pízamos y la construcción de una planta de tratamiento
para las aguas residuales.
Las
acciones adelantadas en EL Hormiguero muestran la importancia de realizar
análisis de contexto previos a cualquier intervención, pues aunque la
literatura registra que “desde los griegos pasando
por la Ilustración del siglo XVI y la
revolución francesa, las mujeres fueron adscritas al mundo de lo privado en
tanto reino de lo doméstico, de reproducción biológica, ámbito de lo
irracional, indiferenciado, desvalorizado y objeto de control por el hombre”
(Quiñonez,1997)[16]
En este caso el papel de la mujer en la construcción del interés colectivo ha
sido significativo.
Justamente
el desarrollo del concepto de género ha contribuido a que se reconozcan nuevos
actores sociales como las mujeres, las etnias y los jóvenes, quienes están planteando reivindicaciones de orden simbólico y de
bienestar. En los sectores populares de América Latina generalmente son las
mujeres quienes promueven construcción
de los espacios físicos colectivos (parques, iglesias, guarderías, etc) y son también ellas las principales colaboradoras y dinamizadoras
de los proyectos que representan avances para la comunidad. Como también
quienes con sus niños enfrentan a la policía en las zonas de invasión de la
periferia de las ciudades.
El debilitamiento
del estado central y el desarrollo de procesos de descentralización política,
administrativa y financiera unido al fraccionamiento de los partidos políticos
y a la poca presencia estatal en los sectores populares ha permitido que se
reconozca el papel de la mujer como gestoras comunitarias pues, generalmente
como lo plantea Estrada (1997):[17] “Las
mujeres en su subcultura han acumulado a
lo largo de la historia un saber sobre el ser nutricio, el cuidado mutuo, la
solidaridad y la capacidad afiliativa, el cual sin ser consustancial o
naturalmente femenino, constituye el aporte de las mujeres”. La autora se
refiere en este caso a la importancia de esos aportes para “ la construcción de
una democracia alternativa”.
En el año 1993 se inició el mejoramiento del sistema de abastecimiento
de agua en El Hormiguero que tuvo una gran incidencia en la percepción de los
intereses colectivos en la comunidad por parte no solamente de las mujeres sino
también de los hombres. El proceso vivido con relación al acueducto se
reconstruye a continuación con base en los testimonios suministrados por los
miembros de la comunidad: Abel Betancour, Hernando Noriega, Nelly Guapacha,
Isabelino Olmos, Luis González, María Elena Cortés, Luis Quezada y Ximena
Vásquez
“Anteriormente
a una le tocaba ir al río Cauca y esa
agua era negra, haga de cuenta como cuando quiebran el ladrillo, tenía uno que
llenar un bote de esos en que sacan arena para que se asentara para medio
juagar la ropa y una sufría. Había que cargar el agua en la cabeza y levantarse
a las 5 de la mañana para hacerle la
comidita a los hombres que se van a trabajar y traer cualquier baldecito de
agua para que se asentara y poder hacer el arroz que quedaba café en leche. La
gente de El Hormiguero estuvo aproximadamente unos 50 años abasteciéndose de
agua del río Cauca y de unos aljibes que se hacían para extraer agua para
actividades de lavado y limpieza de la vivienda.
El
primer acueducto que se construyó en la cabecera fue en el año de 1983 con
recursos de la Secretaria de Salud Municipal, había 147 usuarios conectados y
pertenecían a la cabecera, al sector de Pízamos y una parte de La Pailita.
Este
acueducto era por pozo que tenía una profundidad de 67 metros, no fue
construido con las condiciones higiénicas adecuadas, no tenía sello sanitario,
y quedaba cerca a varios pozos de absorción que la gente hacia para desaguar
sus excretas, las aguas de este pozo se
combinaban también con las aguas de los baños. El agua era de mala calidad,
tenia mucho color; no se podía lavar la ropa porque la dejaba completamente
mona[18], había que dejarla que se asentara para
quitarle una capa espesa que tenía.
La
gente se quejaba mucho de ese acueducto pues a pesar de recibir el agua las 24
horas, no la utilizaban pues llegaba con barro y tenía un sabor desagradable.
Entonces la gente utilizaba el agua del río para tomar, cocinar y lavar La
ropa, el agua del acueducto se utilizaba para el aseo de la vivienda solamente.
Como
este era un acueducto por bombeo, un día nos llegó el recibo de energía
carísimo, no recuerdo si era
$500.000 (US$ 725)[19],
en ese tiempo (1992) era bastante plata, entonces la presidenta que en ese
tiempo era la señora Edilma Usurriaga fue a Empresas Municipales de
Cali -Emcali, ESP- y logró que nos
colocaran una tarifa única de energía pues no teníamos capacidad para pagar
más.
En
ese tiempo la junta del agua estaba conformada por la presidenta, que a su
vez era integrante de la junta de acción
comunal, un tesorero que lo nombraba la comunidad y un revisor fiscal, que era
el promotor de saneamiento del corregimiento. Durante estos años, la
administración municipal tenía mucha intervención en los acueductos, pues a
pesar que nosotros administrábamos, los arreglos, el cierre de cuentas y la
convocatoria a reuniones lo hacía el promotor de saneamiento.
El
acueducto con el tiempo comenzó a presentar daños, la tubería se obstruyó, la
bomba se cayó al interior del pozo, en varios sectores el agua ya no llegaba;
entonces se comenzó a estudiar la necesidad de construir un nuevo pozo para La
comunidad.
La
presidenta de la Junta de Acción Comunal, Nelly Guapacha, comenzó a gestionar
con la alcaldía dinero para un nuevo acueducto, pero pasaban las
administraciones y no se lograba nada. Cuando la pelea porque no nos querían
escuchar, ella tuvo que decirle al Alcalde que teníamos que hervir el agua hasta para trapear las
casas. Sólo a partir de la aparición del cólera en El Hormiguero, donde se
reportaron 70 casos y un deceso en el año de 1990, se logra que la alcaldía
vuelva a poner los ojos en nuestra comunidad y asigne una partida para la
construcción de un nuevo pozo. Ante la emergencia del cólera, la Empresa de
Servicios Públicos de Cali, EMCALI, decide enviar dos veces a la semana un
carrotanque con agua potable del sistema de la ciudad.
En
ese tiempo no solo había problemas con el agua que no llegaba a algunos
sectores y a los que llegaba el agua era
de muy mala calidad; también había problemas con los aspectos administrativos,
pues la morosidad era del 80%, la tarifa era de $200 (US$0,24)[20]
y los ingresos no alcanzaban a cubrir el costo de la energía del bombeo.
Existía un fontanero que recibía una bonificación mensual de $20.000 (US$24)
mensuales, pero como no se recogía dinero, pasaban los meses y no recibía nada,
por eso él tenia que combinar su trabajo de fontanero con otras actividades
laborales”.
EL RESULTADO DEL PROYECTO
“Con la
emergencia sanitaria generada por la aparición del cólera, El Hormiguero comienza
a existir para la administración municipal; fue entonces que se hizo posible
que la comunidad fuera incluida en varios programas institucionales, entre
ellos los Proyectos de Aprendizaje en Equipo, con Emcali y Cinara de la
Universidad del Valle.
En el año de 1993 se inició el Proyecto en la localidad
y comenzó involucrando a la comunidad y varias instituciones del orden
municipal en todas las fases que comprendía este proyecto. Para la selección
de la alternativa tecnológica se hizo
toda una serie de reuniones con la comunidad, donde se analizaron las
diferentes situaciones como la de
perforar un nuevo pozo, captar y tratar el agua proveniente del río Cauca o
profundizar en el pozo existente.
Después de realizar varias visitas a otros pozos como el
de las Orquídeas, de conocer la planta de tratamiento de agua de la ciudad de
Cali y de tener entrevistas con otras comunidades, la comunidad decidió
internamente que la opción más adecuada era tratar el agua del río Cauca como
lo hacían en Cali, pero este sueño nos duró poco porque cuando la gente de
Cinara nos explicó los costos que esto implicaba para el usuario, se vio que
era una opción buena pero muy costosa, por eso optamos por la alterativa de
excavar otro pozo.
Fueron aproximadamente tres años en los cuales la
comunidad estuvo muy activa participando en las reuniones, en los talleres de
capacitación. Durante la etapa de construcción y cambio de la red de
distribución, las mujeres, niños y hombres salieron con la pala y la pica a
abrir zanjas, a pegar tubería, era la primera vez que la gente se veía
participando con gusto, comprometida, no importaba si eran los fines de semana,
si llovía, todos estábamos trabajando.
Pero la mayor alegría de la gente fue a finales del año
de 1996 cuando se terminó el cambio de
la red de distribución y se pudo dar agua a la gente, pues ya se tenía el pozo
construido, se habían cambiado las bandejas de aireación, existía una bomba
nueva y, con el cambio de la red, el agua se podía suministrar a todas las
viviendas, llegaba con presión y
con buena cantidad. La gente salió a las
calles a lavar la fachada de su casa, a
regar los jardines, la gente estaba feliz, hasta en mi casa llegó el agua a la
ducha, ese día nos bañamos varias veces.
Se llegó a una cobertura del 100%, la vereda de Cauca
Seco que tenía tantos problemas de presión para que el agua les llegara, empezó
a contar con un buen servicio, la gente empezó a pagar el servicio y a tener
agua desde las cinco de la mañana hasta las siete de la noche. La gente se puso
contena con el servicio; los usuarios van a las reuniones y disminuyeron mucho
las quejas y reclamos“.
SIETE AÑOS DESPUES
Con el trabajo realizado en la ejecución
del proyecto de abastecimiento de agua se logró que los hombres aceptaran responsabilidades en la
Junta Directiva de la Asociación de Usuarios del Acueducto, pero han estado
fundamentalmente interesados en los cargos principales: Presidente y
Vicepresidente, dejando para las mujeres
funciones que tradicionalmente han desempeñado en los Comités de Agua en
América latina (secretaria[21] y
tesorera). El estilo de dirección patriarcal
se manifiesta en una preocupación por sancionar antes que por educar.
Además, cuando se retiran de los cargos tienen poca solidaridad para apoyar a quienes ingresan nuevos.
Técnicamente el sistema sigue funcionando,
aunque presenta problemas en la calidad de agua y formación de bio-película en
la red de distribución, administrativamente empieza a tener flaquezas y la
participación comunitaria en las asambleas se ha debilitado. El hombre que
ejerce en estos momentos el cargo de presidente, se ha autonombrado fontanero
pues considera que nadie más sabe desempeñar ese cargo en la localidad y como
solamente le pagan una bonificación él no cancela el servicio de agua. La
comunidad se ha desmotivado y la morosidad que se había logrado
disminuir a un 10% se ha incrementado a un 50% colocando en peligro la
sostenibilidad del sistema.
Ahora que se vence el período de la actual Junta Directiva y que se ha
hecho una convocatoria a los líderes de la comunidad (hombres y mujeres) para
acordar quien asumirá los cargos, ha surgido una discusión por parte de los
hombres cuestionando su poca incidencia en el trabajo comunitario de El
Hormiguero.
Miguel comenta: “Al hombre le ha faltado compromiso con la
comunidad, a unos les gusta el basketball, a otros les gusta el juego, a otros
les gusta tomar trago y entonces nunca
sacan un espacio para venir a encuentros comunitarios. Un dirigente no es
simplemente alguien que manda sino que tiene que establecerse bajo unas normas
comunitarias. En eso no puede estar solamente la mujer sino también los
hombres. Aquí en El Hormiguero tiene que haber participación mancomunadamente.
Quien quiere ser dirigente, debe buscar vínculos con la comunidad “
Un hombre joven dice: “Como
los hombres siempre hemos dominado nos
estamos relajando, dejamos que las cosas pasen, en cambio la mujer como siempre
ha sido dominada quiere salir adelante y está dando pasos agigantados”.
Pero también los hombres han
discutido que del estilo de dirección autoritario participan no solo los
hombres sino también las mujeres, que ellas ejercen un liderazgo tan autoritario
como el de los hombres en el espacio
privado. Aunque algunas comentaron que “la mujer manda con el corazón”, Astrid argumentó que el problema
radica en que: “La mujer ha estado dominada durante mucho años y cuando tiene la
oportunidad de salir sabe que tiene que mostrar cualidades que superen a las de
los hombres. Nosotras no salimos a mostrar el estilo que ellos practican en la
casa, sino que queremos mostrar la capacidad que tenemos. Nosotras sabemos que
para poder competir con un hombre en cualquier nivel tenemos que sobresalir.
Sabemos que en cuanto a fuerza física los hombres nos ganan, pero con capacidad,
con inteligencia, podemos salir adelante y no vamos a decir que somos mejores
sino que les podemos hacer competencia”.
El tema de género ha saltado
nuevamente al escenario en la vida comunitaria de El Hormiguero, es evidente
que un buen trabajo comunitario necesita del esfuerzo mancomunado de hombres y
mujeres y que lograr transformaciones en el campo de las relaciones entre
hombres y mujeres va más allá del período de un proyecto. Esta nueva etapa en
que la comunidad ya tiene conciencia clara de estas diferencias crea un espacio
excepcional para que se trabaje sobre todo con los hombres jóvenes en la
reconstrucción de las identidades masculinas y se refuerce el empoderamiento
femenino buscando capacitarlas en áreas de la gestión como finanzas, legislación,
mercadeo social, etc., donde reconocen que tienen debilidades que les impiden
sacar mayor provecho a sus dotes de buenas administradoras que algunos hombres
les reconocen porque, como decía Mancilla,“la
mujer tiende a ser mas honesta, muestra mas
compromiso y más capacidad de trabajo, pone
más cordura en lo que está haciendo”.
El PROCESO DE INTERVENCION INSTITUCIONAL PARA EL
MEJORAMIENTO DEL SUMINISTRO DE AGUA
El proyecto de abastecimiento de agua que fue adelantado por la comunidad con las Empresas Municipales de Cali, la Secretaría de Salud y la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca,